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Programa 09

Temporada de conciertos

2019-2020

Britten

27 de febrero Badajoz 28 de febrero Villanueva de la Serena
Orquesta de Extremadura Roxana Wisniewska Álvaro Albiach

Programa

1.

Benjamin Britten. Concierto para violín, op.15 (1939) *

Moderato con moto
Vivace
Passacaglia

Roxana Wisniewska, violín

2.

Benjamin Britten. Cuatro interludios marinos de Peter Grimes, op.33a (1944-1945) *

Amanecer: Lento e tranquillo
Mañana de domingo: Allegro spiritoso
Claro de luna: Andante comodo e rubato
La tempestad: Presto con fuoco

Benjamin Britten. Guía de orquesta para jóvenes, op.34 «variaciones y fuga sobre un tema de Purcell» (1946)

Tema: Allegro maestoso e largamente
Variación A Presto
Variación B Lento
Variación C Moderato
Variación D Marcia alla Allegro
Variación E Brillante: polacca allá
Variación F Meno mosso
Variación G Lusingando
Variación H Cominciando lento ma poco un poco de aceleración. al Allegro
Variación I Maestoso
Variación J L'istesso tempo
Variación K Vivace
Variación L Allegro pomposo
Variación M Moderato
Fuga Allegro molto

Álvaro Albiach, director

* Primera audición por la Orquesta de Extremadura

Hay pocos compositores con la destreza de Benjamin Britten para amoldar el discurso sonoro a casi cualquier tipo de situación. Su música, siempre elegante, nos transporta con absoluto convencimiento a todo tipo de escenarios, su manejo de color orquestal y su originalidad rítmica son sus señas de identidad. En este programa lo encontramos en tres facetas distintas; en el brillante y por momentos mágico concierto para violín, en la pequeña suite de una de sus mejores óperas Peter Grimes, una profunda reflexión sobre la mezquindad inherente al ser humano y en la didáctica Guía de orquesta para jóvenes, las tres obras compuestas alrededor de la difícil década de los 40 del siglo pasado. Contamos, por segunda vez en el abono, con la joven violinista Roxana Wisniewska, haciendo todo un concierto de Britten, con paso firme y seguro.

Un genio del siglo XX

Benjamin Britten es no solo uno de los músicos más importantes del siglo XX sino una de las personalidades más atractivas de la cultura de los últimos cien años. Formado con Frank Bridge, que fue el maestro ideal para él por su actitud abierta y su avance paralelo al de su discípulo a través de las novedades que se iban sucediendo en la música del continente, Britten fue un genio proteico y uno de los ejemplos más evidentes del modernismo no académico como alternativa a las vanguardias si académicas. La amplitud de su catálogo —que toca con semejante buena fortuna todos los géneros— se une al enorme atractivo de su figura como intelectual, como ser humano que vive su propio tiempo, que lo refleja en su creación, que reflexiona acerca de la realidad y de la cultura que la acompaña. Y eso lo hace a partir de una libertad militante que le llevó a transgredir las normas con una entereza solo paralela a su elegancia para hacerlo, a su tenacidad y, todo hay que decirlo, a la conciencia de su poder en ese mismo mundo de la cultura. Homosexual en una Inglaterra aún muy puritana, pacifista —trasladó en cierto modo su propia historia de objetor en la Segunda Guerra Mundial en su ópera para la televisión Owen Wingrave, sobre un relato de Henry James— y socialista, su actitud acabaría por imponerse a través del reconocimiento oficial ya que Isabel II le nombraría en 1976, cinco meses antes de su muerte, Barón Britten de Aldeburgh y par vitalicio, siendo el primer músico que recibía tal honor. Fue un intelectual procedente de la burguesía y, a la vez, entregado a unas cuantas causas antiburguesas —por utilizar una terminología hoy seguramente obsoleta pero ayer bien significativa— sin renunciar a nada de lo que la vida podría ofrecerle.

Concierto para violín y orquesta, op. 15

Britten no fue, si atendemos a su catálogo, demasiado aficionado a la forma concertante, pues sólo escribió un concierto para violín y orquesta, otro para piano y su Sinfonía para violonchelo y orquesta. Y en los tres casos —como sucede en su música vocal, pensada siempre para su compañero, el tenor Peter Pears— tuvo presente la personalidad de algún intérprete concreto: él mismo en el piano, Mstislav Rostropovich en el violonchelo y el español Antoni Brosa (La Canonja, Tarragona, 27 de junio de 1894 – Barcelona, 23 de marzo de 1979) en el violín. El encuentro con Brosa —un violinista formado en la escuela belga, de muy cálido sonido— se produjo en Barcelona, en los días previos a la Guerra Civil, donde los dos tocaron juntos la Suite para violín y piano, op. 6 del propio Britten en el marco del festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea.   

El tiempo en el que Britten compuso su concierto, entre 1938 y 1939, coincidió con la guerra en España, la difícil situación de la política europea y su marcha a América —la finalizaría en Québec—, horrorizado por la situación, que habría de ser fundamental en su vida y en su obra. Quizá por esas circunstancias la pieza es sombría, meditativa y trágica, y la brillantez que muestra por momentos pide siempre una voluntad muy expresiva en el solista. El primer movimiento, Moderato con moto, arranca con un ritmo recurrente de la percusión que lo emparenta con el de Beethoven pero que, según Brosa, tiene que ver con una canción española que Britten escuchó en Barcelona. Se atiene a la forma sonata y el solista introduce sus dos temas —lírico, elegíaco, el primero, del que se ha llegado a decir que posee cierta inspiración en el flamenco; más anguloso el segundo—, llegándose al momento culminante en la recapitulación, cuando es la orquesta la que retoma el primer motivo mientras el violín hace lo propio con el timbal, sin que se repita el segundo. El Vivace es un scherzo no ya burlesco sino decididamente volcado a lo que podríamos llamar una danza de la muerte. En el trío se insertan por parte del solista, con los fagotes y la tumba puntuándolas, evocaciones casi macabras del aroma hispano del primer movimiento. Tras una obsesiva transición orquestal, el violín se enfrenta a una formidable y honda cadenza que enlazará con la Passacaglia —primera vez que Britten utiliza una forma que le será muy querida— que constituye el tercer movimiento, introducida por los trombones y que se desarrollará a lo largo de nueve variaciones de muy distinta factura que culminarán en ese sentimiento de elegía, aquí como inconsolable, que destila toda la obra.

Estrenado por la Orquesta Filarmónica de Nueva York el 27 de marzo de 1940, con Antoni Brosa como solista y bajo la dirección de John Barbirolli, el concierto fue revisado por el autor en 1950, reduciendo el vuelo virtuosístico del violín e insistiendo en sus relaciones con la orquesta. 

Cuatro interludios marinos de Peter Grimes, op. 33a.

La ópera constituye uno de los capítulos más brillantes de la obra completa de Benjamin Britten. Peter Grimes, estrenada en el Sadler’s Wells de Londres el 7 de junio de 1945,  fue no sólo la primera de las suyas —antes hubo una opereta, Paul Bunyan— sino también su primer triunfo. Como en todas sus óperas, un libreto literariamente impecable —el drama de un pescador que da título a la obra, maltratador de su aprendiz, acosado por la sociedad en un pequeño pueblo inglés, tentado por el amor y finalmente condenado a su propia muerte—, escrito esta vez por de Montague Slater (1902-1956), es sostenido por una música perfectamente adecuada a sus intenciones, siempre muy hermosa y con momentos de una emoción muy especial. Como entreactos de la ópera, Britten intercaló cuatro interludios —llamados “marinos” por razones obvias— y una Pasacaglia que muestran en plenitud toda su maestría y que gozan de vida propia en los programas de las orquestas de todo el mundo. Los títulos de aquellos corresponden a diversos momentos del día y a una tempestad, es decir que, en cierto modo, es música descriptiva. Pero lo es también de estados de ánimo a través del paisaje y la naturaleza. El clima que traslucen nos llega como complemento del drama que estamos contemplando y, sin embargo, su potencia como música autónoma permite también su escucha admirativa fuera de la ópera. Recordemos que la Pasacaglia fue una forma especialmente querida por Britten, como lo demuestran esta que vamos a escuchar y la monumental que cierra su Cuarteto nº 3.

Guía de orquesta para jóvenes, op. 34

La Guía de orquesta para jóvenes es estrictamente contemporánea de Peter Grimes y procede de un encargo del Ministerio de Educación británico para una película que, con guión del citado Montague Slater, se tituló Los instrumentos de la orquesta. La cinta se estrenó en el Empire Theatre de Leicester Square, en Londres, el 29 de noviembre de 1946. Enseguida la música cobró autonomía, primero con un narrador que explicaba lo que la orquesta iba haciendo y luego sin él, pues verdaderamente no era necesario ya que a la audiencia le basta con seguir las indicaciones de cada movimiento y mirar a los músicos. El subtítulo de la obra da la clave del origen de su contenido: Variaciones y fuga sobre un tema de Purcell. Y es que al encargo de la música para el cine hay que añadir que en 1945 se celebraba el 250 aniversario de la muerte de Henry Purcell y Britten ya estaba trabajando en los primeros fragmentos de sus “realizaciones” sobre la música vocal de su compatriota. El tema que se presenta al inicio de la obra y sobre el que se van desarrollando las variaciones es el Rondeau de la música incidental que Purcell escribió, en 1695, para una representación de la pieza teatral de Aphra Behn Abdelazer. Luego irán sucediéndose trece variaciones y la pieza concluirá con una fuga. Curiosamente, Britten dejó siempre bien claro que el subtítulo citado debiera ser siempre eso: un subtítulo que no ocultara el título sino simplemente lo complementara. Y es que lo importante para él no era tanto el lucido trabajo de recreación sobre Purcell como el intento por explicar la orquesta de una forma verdaderamente eficaz a una audiencia joven. Hoy la pieza ha ido más allá y ya no es solamente un admirable ejemplo, por así decir, pedagógico, sino una gran música para cualquier público.

La Guía de orquesta para jóvenes ha sido interpretada por la OEX una única vez, 4 de marzo de 2010 en el Palacio de Congresos de Badajoz, dirigida por Jesús Amigo. Fue un concierto en familia.

© Luis Suñén

Luis Suñén (Madrid, 1951) es editor y escritor. Ha sido crítico literario y musical en el diario El País y, durante trece años, director de la revista Scherzo, así como, durante más de veinte, colaborador de Radio Clásica (RTVE). Es uno de los fundadores de los International Classical Music Awards (ICMA). Autor de siete libros de poemas, el último de ellos es Noroeste (Trotta, Madrid, 2019). 

Roxana Wisniewska Zabek

Nacida en Valladolid en 1995, encarna la cuarta generación de músicos. Desde los 7 años de edad recibe clases de violín de su abuelo materno, su madre y su padre, Stefan, Wioletta Zabek y Krzysztof Wisniewski.

Gana el primer premio de violín en el XXII Concurso de jóvenes intérpretes Ruperto Chapí y recibe el Premio Honorífico en el curso Spaincellence de Ávila. Se estrena como solista a los 14 años con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, interpretando junto a su madre tres conciertos de Vivaldi.

Cursa sus dos primeros años de Grado Superior en el Centro Katarina Gurska con Zohrab Tatevosyan. Ha recibido clases magistrales de maestros como Joaquín Torre, Alejandro Posada, Lionel Bringuier, Krzysztof Wegrzyn, Vicente Arberola, Maurizio Fuks, Arabella Steinbacher, Heime Muller, Natalia Prischepenko, Christoph Poppen, Gordan Nikolic y Vladimir Jurowski.

Desde 2015 hasta 2018 fue alumna de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en la Cátedra de Violín de Ana Chumachenco, donde finalizó su grado superior. Como alumna de la ESMRS ha sido miembro del Cuarteto Stoneshield y del Cuarteto Haendel de Puertos de Estado.

En los últimos años ha actuado como solista en Polonia, Italia, Alemania y España. Desde 2017, Roxana es miembro de la Gustav Mahler Jugendorchester en el puesto de líder de segundos violines.

En 2017, junto a la Orquesta Joven de Extremadura, interpretó el concierto de Dvořák, bajo la batuta de Álvaro Albiach. Recientemente ha sido invitada por Boston Music Institute a participar en el curso de la Filarmónica de Berlín y la Boston Symphony Orchester. En 2019 comenzó su Máster Solista en Hochschule fur Musik Carl Maria von Weber, junto a Natascha Prischepenko, y también bajo la tutela de Daniel Stabrawa, concertino de la Filarmónica de Berlín.

Roxana toca un violín construido en 1767 por José Contreras, cedido generosamente por la Lutheria Tarapiella.

Programa 09

Temporada de conciertos

2019-2020
Britten. Concierto para violín Britten. Cuatro interludios marinos de Peter Grimes Britten. Guía de orquesta para jóvenes

Britten

27 de febrero Badajoz 28 de febrero Villanueva de la Serena
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