Notas al programa
Tras los conciertos propios del periodo navideño, el ciclo de abono de la Orquesta de Extremadura regresa con fuerza con una nueva edición de Generación Talento. En esta temporada titulada Impronta en la que celebramos la huella de la OEX en la memoria de nuestra tierra no podía faltar un programa que pone acento en dos aspectos centrales de tal trayectoria —el impulso a la nueva creación y a los talentos emergentes—, que cristalizan en las ya tradicionales colaboraciones con la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Ante ustedes, tres obras de contextos históricos y lenguajes estéticos disímiles en las que, con distintas formas de afirmación expresiva, se muestra la fragilidad humana ante la adversidad, pero también el combate y la resistencia ante ella. Todo bajo la batuta del que fuera director titular de la OEX y parte relevante de la historia de la orquesta, el maestro Andrés Salado.
Daniel Alejandro Cristóbal. Introito (A la deriva) (2025)
El concierto se abre con una pieza del argentino Daniel Alejandro Cristóbal, alumno destacado de la Escuela Reina Sofía. Titulada Introito, la obra nace con la vocación de convertirse en el primer movimiento de un proyecto más extenso basado en el relato A la deriva del uruguayo Horacio Quiroga, publicado dentro del libro Cuentos de amor de locura y de muerte. En la estela de las narraciones de Edgar Allan Poe, Quiroga presenta un texto breve y devastador cuyo protagonista sufre la picadura de una serpiente, corre hasta el rancho donde le asiste su esposa y posteriormente se arrastra hasta su canoa a orillas del Paraná con la esperanza de llegar a Tacurú-Pucú antes de que el veneno termine de hacer efecto. Cristóbal traslada a su obra los elementos de este relato terrible: el sufrimiento humano creciente vinculado con una naturaleza salvaje no idealizada, sino concebida en su dimensión amenazante y truculenta. “El hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida…”, escribió Quiroga. En este ambiente, el primer acorde bitonal de la obra, como un mordisco certero, da paso a un flujo de materiales que, en una arquitectura al estilo de Stravinski, se irán superponiendo a medida que la tensión se acumule y se extienda como el veneno de la yararacusú por el cuerpo de protagonista. La ansiedad en aumento, como en el tortuoso trayecto hacia la canoa, se cimienta sobre un lenguaje en la senda de Luciano Berio: tradicional en la construcción orquestal pero audaz en el empleo de microtonos y combinaciones armónicas sorprendentes que dan lugar a un tránsito en el que el sonido parece perder y recuperar el equilibrio de manera constante.
Max Bruch. Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op.26 (1864-1866)
Tras la travesía a la deriva, arribamos a un punto de anclaje expresivo diferente, de la mano de otro alumno relevante de la Escuela Reina Sofía, el violinista Eduard Kollert. El Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op.26 de Max Bruch es una de las obras más emblemáticas del repertorio romántico para el instrumento y una de las más reconocidas del compositor. Compuesto en la década de 1860, en pleno auge del romanticismo alemán tardío, el concierto se sitúa deliberadamente al margen de las experimentaciones formales de su tiempo. Pese a los pasajes de bravura, Bruch concibe el violín no como vehículo de exhibición virtuosa, sino como voz lírica, heredera directa del canto. Esa elección estética marcaría de manera indeleble la recepción de la obra y, paradójicamente, acabaría eclipsando buena parte del resto de su catálogo.
Desde el punto de vista formal, el concierto destaca por su continuidad discursiva. El primer movimiento, concebido como una amplia introducción, despliega un discurso rapsódico, casi improvisatorio, en el que el solista se erige como narrador. El Adagio central constituye el núcleo emocional de la obra: una melodía amplia, de respiración casi vocal, sostenida por una orquesta que acompaña y conforta. Aquí la impronta romántica se manifiesta en su forma más directa: intimidad, cantabilidad y nobleza expresiva sin ambigüedades. El Finale, rítmico y afirmativo, invoca rasgos de danza tradicional, hasta el punto de que se le conoce con el sobrenombre de “el pequeño Brahms” por su similitud de carácter con el tercer movimiento del monumental concierto para violín del gigante alemán. Un impulso vital que equilibra el tono elegíaco previo cerrando el arco expresivo del concierto con una energía luminosa.
Robert Schumann. Sinfonía n.º 2 en do mayor, op.61 (1845-1846)
La segunda parte del programa se articula en torno a la Sinfonía n.º 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann, una obra inseparable de tres procesos que se enlazan como los tres cabos de una trenza y explican su factura: el peculiar momento personal y de salud del autor, su estado de madurez compositiva y el curso histórico que vivía Alemania, que condicionaba severamente su zeitgeist político-cultural.
Schumann escribió su sinfonía entre 1845 y 1846, en una época marcada por profundas crisis nerviosas, insomnio persistente y un acusado desgaste físico y mental. La obra se erige pues como una suerte de tortuoso trayecto hacia el triunfo sobre la adversidad, en la senda del espíritu beethoveniano. No en vano, es precisamente una melodía de Beethoven la que certifica tal triunfo en el último movimiento, extraída de una de las canciones del ciclo An die ferne Geliebte, («A la amada lejana») titulada “Nimm sie hin denn, diese Lieder” (“Toma, pues, estas canciones”) en lo que para Peter Gülke representa una “presentación musical explícita” de la sinfonía a Clara. “Y cantas lo que yo canté, lo que resonó desde mi pecho lleno sin artificio, consciente sólo del anhelo”, reza uno de sus párrafos.
En esos años, Schumann se refugió en el estudio sistemático del contrapunto —Bach como modelo y disciplina—, no solo como ejercicio intelectual, sino como estrategia de resistencia frente al desorden interior. Un influjo que se percibe en la sinfonía: en la introducción de los metales, casi como un preludio coral cuya sombra se proyecta hasta el Finale, en la que, por cierto, hay una cita también de la sinfonía 104 Haydn; o en el Scherzo que, tras los intrincados pasajes de la cuerda, esconde en el segundo trío la línea formada por las notas si bemol-la-do-si natural (B-A-C-H, en notación alemana).
Bach y Beethoven se dibujan pues como dos pilares fundamentales de la madurez compositiva de Schumann en esta obra cuyas ideas musicales parecen brotar unas a partir de otras en un proceso de metamorfosis como el de las mariposas que tanto le fascinaban, creando “una red de relaciones temáticas y de motivos mucho más densa que en sus sinfonías anteriores”, a decir de su biógrafo Martin Geck. En un escrito posterior Schumann confesaba: “No fue hasta el año 1845, cuando comencé a concebir y a elaborar todo en mi cabeza, que empecé a desarrollar una forma de composición completamente diferente”. Schumann dejaba de ser un pianista brillante que además componía, para convertirse en un compositor excelente que había sido un dotado intérprete.
El resultado de todo esto es una obra que se define por una tensión constante entre impulso romántico y control estructural, lo que no obsta para que emerjan páginas de inspiradísima cualidad expresiva. Tal es el caso del Adagio espressivo, auténtico centro emocional de la sinfonía, que con una escritura sobria e introspectiva, permite entrever una fragilidad profundamente humana. Hasta el mismísimo Hans von Bülow en su etapa de mayor fervor wagneriano no tuvo más remedio que reconocer que cada vez que escuchaba el Adagio sentía la necesidad de «arrodillarse en oración».
La sinfonía se estrenó el 5 de noviembre de 1846 en la Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección de Felix Mendelssohn, quien siempre supuso un apoyo para Schumann. Mendelssohn moriría un año menos un día más tarde, a los 38. Y en 1848 tendría lugar una de las oleadas revolucionarias más potentes de la historia europea, que supuso también verdadero parteluz en la mentalidad político-cultural de la época. Después de 1848, la otrora la admirada música de Mendelssohn pasó a ser menospreciada por amplios sectores de la crítica como representante de la época y el estilo Biedermeier, propio de artistas burgueses, desinteresados por los grandes asuntos de la nación y alejados del espíritu de la Joven Alemania. Schumann compone su sinfonía en los años previos a todo este periodo de ruptura, pero el ambiente de cambio cultural ya se iba cociendo. Y las tensiones estéticas iban en direcciones a veces contradictorias. Para muestra, una de las reacciones a esta sinfonía: un joven Adolf Schubring, quien más tarde se convertiría en un prestigioso crítico cercano a Brahms, se dirigió a Schumann para sugerirle que renunciara al «romanticismo» y se decantara por música «clara y comprensible para todos». Schumann no encajó muy bien el consejo: «¿No les queda claro, por mi música, que me interesa algo más que simplemente divertir a niños y aficionados? Como si sólo hubiera una o dos formas en las que todas las ideas intelectuales debieran encajar, como si el pensamiento no creara su propia forma particular por sí solo.«
En su conjunto, afrontan ustedes un programa de pasiones a la deriva y de lucha enconada contra el sufrimiento. Un concierto en el que el impulso joven funciona como catalizador y la gran música sinfónica se revela como depósito de memoria, resistencia y afirmación de sentido frente a la fragilidad. Disfruten de la velada, mucha salud y feliz año nuevo.
© Santiago Pavón
Violinista de la Orquesta de Extremadura y Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración. Es divulgador y presenta las charlas previas a los conciertos de la temporada de la Orquesta de Extremadura.
Interpretaciones anteriores
El primer antecedente del Concierto para violín n.º 1 de Max Bruch ocurrió el 11 de mayo de 2001 en el Teatro López de Ayala, dentro del Festival Ibérico de Música de Badajoz, dirigiendo William Michael Costello y actuando como solista Víctor Correa. También se interpretó al día siguiente en la primera actuación de la OEX en el Teatro Carolina Coronado de Almendralejo. La última fue en ese mismo año, de gira en el Teatro Principal de Burgos el 7 de agosto. Lo dirigió también William Michael Costello y actuó como solista Krzystof Jakowicz.
La Orquesta de Extremadura se estrenó con la Sinfonía n.º 2 de Schumann el 27 de enero de 2006 en el Gran Teatro de Cáceres, entonces dirigía Gábor Hollerung. La interpretación más reciente fue el 10 de mayo de 2019 en el Palacio de Congresos de Cáceres, dirigida por Nuno Coelho.
Daniel Alejandro Cristóbal
Nació en Salta (Argentina) en 1995. Desde 2023 es alumno de la Cátedra de Composición Inditex de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, con el profesor Fabián Panisello. Disfruta de becas Teresa Bulgheroni y Fundación Albéniz. En 2025 ha recibido de manos de Su Majestad la Reina Doña Sofía el diploma de alumno más sobresaliente de su cátedra.
Comenzó sus estudios musicales en el Conservatorio de la Familia Pacheco Arévalo de la ciudad de Salta y los continuó de la mano de los maestros Arturo Botelli en piano, en la Escuela Superior de Música de la Provincia, y Pablo Herrera en teoría musical, de manera particular. Entre 2014 y 2020 estudió la Licenciatura en Composición en la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina (Buenos Aires), recibiendo las más altas calificaciones. Se formó con los maestros Diego Gardiner, Eduardo Checchi, Federico Wiman y Marcelo Delgado. Además, analizó de manera particular la partitura orquestal con el maestro Giovanni Panella.
Entre 2021 y 2023 estudió la Diplomatura Superior en Música Contemporánea, con especialidad en Composición, en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla de Buenos Aires.
Recientemente ha ganado el Concurso Nacional de Composición ArtHaus 2024-2025 en Buenos Aires, con su obra Hyper para piano y ensamble, y ha sido seleccionado por Plural Ensemble para su gira nacional 2025.
Como alumno de la Escuela, ha recibido lecciones magistrales de Alessandro Solbiati y Johannes Maria Staud.
Eduard Kollert
Nació en Tokio (Japón) en 2002. Desde 2018 estudia en la Cátedra de Violín Telefónica de la Escuela Superior de Música Reina Sofía con el profesor Zakhar Bron. Disfruta de becas AIE – Sociedad de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes y Fundación Albéniz, y toca el violín de Yuri Pochekin de 1995, cedido como beca de instrumento por Zakhar Bron. En 2023 ha recibido de manos de Su Majestad la Reina Doña Sofía el diploma de alumno más sobresaliente de su cátedra.
Nacido en el seno de una familia de pianistas, comenzó sus estudios de violín y piano a los siete años en la República Checa, país al que se trasladó siendo aún un niño. Desde 2012 estudia con Zakhar Bron en Interlaken (Suiza). Dos años después de aprender a tocar el violín y el piano, interpretó conciertos de violín y de piano con la Filarmónica de Praga; poco tiempo después fue invitado por la Casa Real española a un recital en el Palacio Real de El Pardo en Madrid. Asimismo, ha recibido clases magistrales de Mihaela Martin, Miriam Fried, Ingolf Turban, Silvia Marcovici, Ana Chumachenko, Ulf Wallin, Pavel Vernikov y Ralf Gothóni (grupos con piano).
Ha recibido varios premios en concursos internacionales, como el Young Virtuosos (Sofía, Bulgaria), el Concurso Internacional de Televisión “Cascanueces” para Jóvenes Músicos (Moscú, Rusia), el Festival Artístico Transiberiano de Novosibirsk (donde también fue galardonado con el premio especial Paloma O’Shea), el Concurso Internacional de P. I. Tchaikovsky para Jóvenes Músicos y el Virtuosos Talent Show (un concurso de la televisión húngara), por citar algunos.
Ha tocado en conciertos y festivales celebrados en Alemania, Suiza, Austria, España, Rusia, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Chequia y Japón, entre otros en el Festival de Primavera de Praga, el Festival de los Días de Bohuslav Martinů, el Festival Internacional de Música en Český Krumlov, etc. El maestro Vladimir Spivakov le invitó a actuar en la ceremonia de clausura del Festival Internacional Moscow Meets Friends y posteriormente realizó una gira por Rusia con la Orquesta de Cámara de Moscú. Ha actuado con muchas orquestas de renombre mundial, como la PKF – Prague Philharmonia, la Orquesta Filarmónica de Cámara Checa, la Orquesta Filarmónica de Bohemia del Norte, la Orquesta Nacional Rusa (RNO) y la Orquesta Sinfónica de la Radio Húngara, por nombrar algunas.
También es invitado habitual en programas de música clásica en la radio y la televisión, como la Radio Nacional Checa, Classic Praha y la Televisión Checa. En 2021 protagonizó el documental Talent, realizado con motivo de su debut en el Festival de Primavera de Praga. En 2020 participó en la primera temporada internacional de Virtuosos Talent Show, donde actuó junto a estrellas mundiales como Plácido Domingo, Thomas Gottschalk y Maxim Vengerov.
Como alumno de la Escuela, ha formado parte de la Orquesta Freixenet (dirigida por Víctor Pablo Pérez, Plácido Domingo, Andrés Orozco-Estrada, Juanjo Mena, Péter Csaba, Sir András Schiff, Nicolás Pasquet y Pablo González), de la Camerata Fundación EDP (dirigida por Paul Goodwin) y del Conjunto Barroco de la Escuela (dirigido por Paul Goodwin). En 2025 actuó con la Orquesta de la Escuela en el Carnegie Hall de Nueva York bajo la dirección de Andrés Orozco-Estrada. También ha sido miembro de los tríos Schola y Satie de Bain, del Grupo Esferas de Banco Activo Universal, del Ensemble Saint-Saëns y del Grupo Fundación Mutua Madrileña. Actualmente forma parte del Dúo Amy Beach.
Recibe también una beca de la Kellner Family Foundation.
Andrés Salado
Andrés Salado fue titular y artístico de la Orquesta de Extremadura durante cuatro temporadas, de 2021 a 2025, y de la Orquesta Joven de Extremadura desde 2014.
Galardonado con el Premio Princesa de Girona de Artes y Letras (2016), Andrés Salado es director titular de la Orquesta Sinfónica del Vallès y director artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica.
Con una trayectoria consolidada al frente de las principales orquestas españolas y una proyección internacional en constante crecimiento. Su carrera incluye colaboraciones con la Orquesta Nacional de España, la Lucerne Festival Academy Orchestra, la Orquesta Sinfónica Nacional de México y la Orquesta Sinfónica Giuseppe Verdi de Milán, entre otras.
Esta temporada, además de sus compromisos con las dos orquestas que dirige, destacan conciertos con la Orquesta Sinfónica de RTVE, su regreso en marzo a la Filarmónica NFM de Wrocław, así como su reaparición con Òpera Catalunya dirigiendo La Traviata de Verdi.
Comprometido con el valor social de la música, es embajador de la ONG Ayuda en Acción y colaborador habitual de Radio Nacional de España.

