Sinfónico 10

Sinfónico 10. Jordi Francés

1.

Maurice Ravel. Menuet Antique, (Minué antiguo) (1929) *

Franz Schreker. Sinfonía de cámara (1916) *

2.

José Ignacio de la Peña. «Disparos de Luz». En memoria de las víctimas de la represión franquista. Badajoz 1936-2018 (2016) **

Coro de Cámara de Extremadura. Directora, Amaya Añúa

Dmitri Shostakóvich. «Octubre», poema sinfónico en do menor para orquesta, op.131 (1967) *

Jordi Francés, director

* Primera audición por la Orquesta de Extremadura
** Obra encargo de la Orquesta de Extremadura financiado por la AEOS y la Fundación SGAE. Estreno absoluto

La Guerra Civil

Con el programa siguiente pasaremos a músicas de orígenes diversos y de estéticas variadas, con el Ravel del Menuet antique, la fresca Sinfonía de cámara de Franz Schreker, el estreno de Disparos de luz de José Ignacio de la Peña (alusivo a las víctimas de la represión franquista) y el poema sinfónico Octubre, de Shostakóvich.

Notas al programa

Este programa que ofrece la OEX, bajo la eficaz batuta de Jordi Francés, está integrado por tres obras debidas a conocidos autores europeos del siglo XX y a un estreno del compositor extremeño José Ignacio de la Peña.

El Menuet Antique para orquesta de M. Ravel (1875-1937) aunque data de 1929 procede en realidad de una obra para piano del mismo título escrita en 1895 y dedicada a uno de sus mentores, el compositor Emmanuel Chabrier. El músico francés fue un magnífico orquestador y al dar colorido instrumental a su obra pianística no decepcionó a nadie. La partitura, de algo más de seis minutos, es fiel a la estética francesa de su tiempo en la que una visión idealizada del siglo XVIII, cercana al rococó, es reinterpretada. Este mismo espíritu dieciochesco podemos encontrarlo en otros autores franceses del momento como C. Debussy (1862-1918), R. Hahn (1874-1947), E. Paladilhe (1844-1926), A. Durand (1830-1909) y muchos más. En el caso de Ravel, su interés por el pasado de una Francia de gracia y delicadeza femeninas tal vez se debiera a su admiración por el gran compositor barroco F. Couperin (1688-1733). En cualquier caso, la obra refleja perfectamente lo planteado por Ravel. El pulso de la danza se mantiene, la armonía es rica, el contraste tímbrico entre los instrumentos es excelente y el discurso nunca cae en la banalidad.  En realidad, bajo la aparente simplicidad de una límpida melodía, se esconde un sabio tratamiento de la polifonía que confiere elegancia a una obra de planteamiento formal clásico.

El austriaco Frank Schreker (1878-1934) gozó de una enorme fama a principios del siglo XX, principalmente como compositor de óperas. Éstas se representaron repetidamente en los mejores teatros de Alemania y gozaron del aprecio de críticos y aficionados. Pero los tiempos cambiaron y para su desgracia, y por ser judío, los nazis lo incluirían posteriormente en el listado de artistas degenerados. Pasado este infame periodo y por derecho propio, hace algunos decenios que su obra comienza a resurgir como la de un artista inspirado y de técnica impecable.

La Sinfonía de Cámara para veintitrés instrumentos (1916), de unos veinticinco minutos de duración, representa a la perfección su estilo ecléctico. Un estilo expresionista, afín a la estética austroalemana del momento, con ricas texturas polifónicas e instrumentación de trazos gruesos que por momentos adquiere una delicadeza impresionista. De todos modos, en esta obra prima la sutilidad y el lirismo. Seguramente, Schreker se vio influido en este trabajo por la Sinfonía de Cámara op.9 de su amigo A. Schoenberg, una obra que en su momento produjo una fuerte impresión y ante la que nadie permaneció ajeno. Sin embargo, a mi juicio y salvando las diferencias (la obra de Schoenberg era para solo 15 instrumentos), la partitura de Schreker resulta más convincente.

La estructura de la obra se basa en una forma de sonata abierta, que podría dividirse en tres secciones. Ahora no es el momento de realizar un análisis de la partitura que cansaría al lector, pero quedémonos con que las tres secciones están bien definidas y representan ese eslabón entre la tradición y la modernidad que tan hábilmente reflejó su autor. Pero como dijimos, lo que atrapa de esta partitura es su expresividad. Desde el primer instante nos hechiza su extraña atmósfera, entre lánguida y misteriosa. El discurso modula constantemente; el fondo es tonal pero la esencia de su armonía es cromática, viajando de un lugar a otro, aunque sin perder nunca el rumbo. Sin duda, estamos ante una obra maestra.

La siguiente obra que compone el programa y que de hecho da nombre al mismo (La Guerra Civil) se debe a José Ignacio de la Peña un compositor nacido en 1971 en Villafranca de los Barros con una amplia trayectoria creativa en los más variados géneros. Fruto de la estrecha colaboración entre la OEX, la Asociación de Compositores Extremeños y la Fundación Autor, se van produciendo paulatinamente encargos que por fin están configurando un repertorio orquestal genuinamente extremeño. Una circunstancia que aporta un substrato cultural indiscutible y que en estos momentos sitúa a Extremadura en la vanguardia del fomento de la creatividad.

Pero vayamos al estreno. La obra alude a los trágicos sucesos acaecidos en Badajoz en 1936. De hecho, el propio título general de la obra proclama su contenido: Disparos de Luz. En memoria de las víctimas de la represión franquista. Badajoz 1936-2018.

La instrumentación es para orquesta sinfónica a dos, más la incorporación del clarinete bajo, el piccolo, el trombón bajo y la tuba. Asimismo, se complementa con un coro mixto, dos solistas (soprano y tenor), el piano y una nutrida parte de percusión.  El compositor ha remarcado el carácter de su mensaje con la aportación del coro de Cámara de Extremadura, el cual, dirigido por la reconocida Amaya Añúa, posee un relevante papel en la obra.

En efecto, las voces cantan un texto del poeta Antonio Gómez intercalado con frases escritas por el periodista portugués Mario Neves presente en los trágicos hechos acaecidos y responsable de la difusión internacional de los mismos. De este modo, la emoción de aquel suceso queda así perfectamente reflejada.

Pero, nada mejor que aludir a las palabras del propio autor para resumir el contenido de sus intenciones:

La vieja plaza de toros de Badajoz, demolida en 2002, hoy día Palacio de Congresos y sede de la Orquesta de Extremadura fue testigo directo de este genocidio, el escenario real de una matanza de la que aún queda tanto por recuperar en la memoria de todos. No permitamos que lo que debía y debe ser un lugar de memoria, se convierta en un lugar de olvido, pues como dejó escrito el historiador francés Pierre Vidal-Naquet: “El primer deber de la democracia es la memoria”. Y a ese deber cívico se consagra una obra como ésta.

Y en efecto, ahora, tantos años después, en el mismo emplazamiento de los hechos, si bien no en una plaza de toros sino en un auditorio, en vez de balas sonará la música. Esta mutación es el reflejo de lo que es nuestro país en la actualidad: un lugar en el que la reconciliación y el respeto se dan la mano.

En plena celebración del cincuentenario de la Revolución de Octubre, Dimitri Shostakovich (1906-1975) que había estrenado poco antes las Siete romanzas sobre textos de A. Blok y el Concierto para violín num.2, no quiso ser menos que el resto de los compositores más importantes del régimen soviético y por eso escribió un poema sinfónico no excesivamente largo (dura unos doce minutos) que denominó Octubre. Algo antes, con tan sólo 21 años había escrito su Sinfonía nº 2 con el mismo título y dedicada al décimo aniversario de la Revolución. Pero aquellos fueron otros tiempos y en 1967, el afán por no levantar sospechas de desafección, hizo que Shostakovich escribiera su opus 131 con cierta incomodidad. Para algunos, Octubre se encuentra entre los trabajos menos afortunados de su catálogo y lo cierto es que su estreno pasó sin pena ni gloria. Pero no exageremos y apreciemos las cualidades que presenta. Destaquemos el tema procedente de El canto de Partisanos que ya antes había incluido en la música incidental para la película Los Días de Volochaiev y fragmentos de composiciones anteriores, como por ejemplo de la Sinfonía nº 12.

Como decíamos, se acepta que Shostakovich fue poco original en esta obra, sin embargo, de nuevo nos invade la duda ¿fue deliberada esta desidia para así demostrar un desdén subliminal por el aniversario de una Revolución en la que ya no confiaba?  Sinceramente, no lo creo. Lo que seguramente sucedió es que la obligatoriedad de escribir para la ocasión (los compositores vivían de y para el Estado) le sorprendió en un mal momento. Shostakovich tenía otros proyectos mucho más importantes para él y este encargo, por muy patriótico que fuese, lo realizó sin excesivo entusiasmo, a contracorriente.  Pero incluso así, esto no impedirá que vibremos con sus mejores fragmentos. Al fin y al cabo, Shostakovich fue un genial maestro y hasta en los momentos menos inspirados de su catálogo podemos encontrar algunas perlas.

© Doménec González de la Rubia

Doménec González de la Rubia, compositor, director de orquesta y pianista extremeño, nacido en Mérida en 1964. Premiado en diferentes concursos de composición, ha desarrollado una amplia carrera internacional que le ha llevado a escenarios de Chicago, Moscú, Buenos Aires, Seúl, Hanói, París, Kazán, Pittsburg, Caracas, Bogotá, Manila, Múnich, Roma, La Habana, Bratislava etc. Actualmente es Presidente de la ACC y de FAIC. Como escritor es autor del libro La Música Religiosa de Cataluña en el siglo XX y de más de trescientos artículos dedicados a la historia y la estética musical.


Jordi Francés, director

Titulado en 2004 por la Hogeschool Zuyd de Maastricht (Holanda), postgraduado en dirección de repertorio contemporáneo en el “Conservatorio della Svizzera Italiana” de Suiza y premiado en varios concursos internacionales de dirección, durante años compaginó la percusión como concertista con la dirección musical a la que actualmente se dedica. Muy interesado en la creación contemporánea, ha llevado a cabo los estrenos mundiales de más de 80 obras y ha trabajado con prestigiosos compositores como: Birtwistle, Eötvös, Haas, Manoury, Sotelo, López-López, Hurel, Sánchez-Verdú, Camarero, Jesús Torres, Río-Pareja, Jesús Rueda, entre muchos otros.

Su amplia y heterogénea formación como director incluye el trabajo en profundidad de muy diversos repertorios con grandes maestros especialistas y durante más de una década. Ha trabajado activamente como alumno de profesores como: Kurt Masur, Peter Eötvös, Neeme Järvi, Paavo Järvi, Jorma Panula, Arturo Tamayo, Konrad von Abel, etc. en instituciones como la Manhattan School of Music de Nueva York, el citado “Conservatorio della Svizzera Italiana” en Suiza, el “International Bartok Seminar” de Hungría, la “International Järvi Academy de Estonia”, la “Eötvös Foundation” de Budapest, el IRCAM en París, entre otros.

En 2011 dirige la BBC Philarmonic en una grabación producida por la propia BBC y pese a su juventud, ya ha dirigido orquestas y grupos como: la Orquesta de Rtve, Ensemble Intercontemporain, Lucerne Festival Academy Orchestra, Orquesta de Extremadura, la Jonde, la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, con la que es director invitado frecuentemente y director de su Ensemble 20/21, Bulgarian State Opera con una producción completa de Madama Butterfly, Saavaria Symphony Orchestra, Orquesta Sinfónica de Corrientes (Argentina), Pärnu City Orchestra (Estonia), Orquesta de la Ópera de Dijon (Francia), Orquesta del Festival Ibérico de Badajoz, y un amplio etc.

Entre la actividad de las últimas temporadas destacan: su debut en el Teatro Real con la ópera “Brundibar”, en la Quincena Musical Donostiarra con música de Berio; los estrenos mundiales de Sánchez-Verdú, Mauricio Sotelo, López-López, Río-Pareja, Jesús Rueda, Juan Arroyo, etc. con el Ensemble Sonido Extremo, conciertos como director invitado de la Orquesta Arte-Sinfónica de Portugal, la dirección musical de “La del Manojo de Rosas” en gira por Extremadura, entre muchos otros.

Jordi Francés desarrolla actualmente una heterogénea actividad profesional que incluye: proyectos propios, conciertos como director invitado, teatro musical de nueva creación, y producciones de ópera como director asistente en los principales teatros españoles. Ha trabajado como asistente de: Lutz Köhler, Arturo Tamayo, José Ramón Encinar, Christian Zacharias y en la actualidad trabaja como asistente del maestro Josep Pons en el “Gran Teatre del Liceu” de Barcelona. Durante la presente temporada trabaja también con Peter Rundel en el estreno español de la ópera “Quartett” en el Liceu y con David Afkham en la nueva producción de la ópera “Bomarzo” del Teatro Real. De entre sus compromisos más cercanos destacan: 9ª Sinfonía de Mahler con la Jonde, su debut en las temporadas de abono de varias orquestas españolas, una producción escenificada del “Winterreise” de Schubert/Hans Zender, el estreno mundial de la ópera de cámara “La Paz Perpetua” con música de Río-Pareja y libreto de Juan Mayorga; y un amplio etcétera.

Temporada

19 abril Badajoz
20 abril Cáceres

Programa

M. Ravel. Menuet Antique
F. Schreker. Sinfonía de cámara
J. I. de la Peña. Disparos de Luz
D. Shostakóvich. «Octubre», poema sinfónico

Orquesta de Extremadura
Coro de Cámara de Extremadura
Jordi Francés

Notas al programa

Este programa que ofrece la OEX, bajo la eficaz batuta de Jordi Francés, está integrado por tres obras debidas a conocidos autores europeos del siglo XX y a un estreno del compositor extremeño José Ignacio de la Peña.

El Menuet Antique para orquesta de M. Ravel (1875-1937) aunque data de 1929 procede en realidad de una obra para piano del mismo título escrita en 1895 y dedicada a uno de sus mentores, el compositor Emmanuel Chabrier. El músico francés fue un magnífico orquestador y al dar colorido instrumental a su obra pianística no decepcionó a nadie. La partitura, de algo más de seis minutos, es fiel a la estética francesa de su tiempo en la que una visión idealizada del siglo XVIII, cercana al rococó, es reinterpretada. Este mismo espíritu dieciochesco podemos encontrarlo en otros autores franceses del momento como C. Debussy (1862-1918), R. Hahn (1874-1947), E. Paladilhe (1844-1926), A. Durand (1830-1909) y muchos más. En el caso de Ravel, su interés por el pasado de una Francia de gracia y delicadeza femeninas tal vez se debiera a su admiración por el gran compositor barroco F. Couperin (1688-1733). En cualquier caso, la obra refleja perfectamente lo planteado por Ravel. El pulso de la danza se mantiene, la armonía es rica, el contraste tímbrico entre los instrumentos es excelente y el discurso nunca cae en la banalidad.  En realidad, bajo la aparente simplicidad de una límpida melodía, se esconde un sabio tratamiento de la polifonía que confiere elegancia a una obra de planteamiento formal clásico.

El austriaco Frank Schreker (1878-1934) gozó de una enorme fama a principios del siglo XX, principalmente como compositor de óperas. Éstas se representaron repetidamente en los mejores teatros de Alemania y gozaron del aprecio de críticos y aficionados. Pero los tiempos cambiaron y para su desgracia, y por ser judío, los nazis lo incluirían posteriormente en el listado de artistas degenerados. Pasado este infame periodo y por derecho propio, hace algunos decenios que su obra comienza a resurgir como la de un artista inspirado y de técnica impecable.

La Sinfonía de Cámara para veintitrés instrumentos (1916), de unos veinticinco minutos de duración, representa a la perfección su estilo ecléctico. Un estilo expresionista, afín a la estética austroalemana del momento, con ricas texturas polifónicas e instrumentación de trazos gruesos que por momentos adquiere una delicadeza impresionista. De todos modos, en esta obra prima la sutilidad y el lirismo. Seguramente, Schreker se vio influido en este trabajo por la Sinfonía de Cámara op.9 de su amigo A. Schoenberg, una obra que en su momento produjo una fuerte impresión y ante la que nadie permaneció ajeno. Sin embargo, a mi juicio y salvando las diferencias (la obra de Schoenberg era para solo 15 instrumentos), la partitura de Schreker resulta más convincente.

La estructura de la obra se basa en una forma de sonata abierta, que podría dividirse en tres secciones. Ahora no es el momento de realizar un análisis de la partitura que cansaría al lector, pero quedémonos con que las tres secciones están bien definidas y representan ese eslabón entre la tradición y la modernidad que tan hábilmente reflejó su autor. Pero como dijimos, lo que atrapa de esta partitura es su expresividad. Desde el primer instante nos hechiza su extraña atmósfera, entre lánguida y misteriosa. El discurso modula constantemente; el fondo es tonal pero la esencia de su armonía es cromática, viajando de un lugar a otro, aunque sin perder nunca el rumbo. Sin duda, estamos ante una obra maestra.

La siguiente obra que compone el programa y que de hecho da nombre al mismo (La Guerra Civil) se debe a José Ignacio de la Peña un compositor nacido en 1971 en Villafranca de los Barros con una amplia trayectoria creativa en los más variados géneros. Fruto de la estrecha colaboración entre la OEX, la Asociación de Compositores Extremeños y la Fundación Autor, se van produciendo paulatinamente encargos que por fin están configurando un repertorio orquestal genuinamente extremeño. Una circunstancia que aporta un substrato cultural indiscutible y que en estos momentos sitúa a Extremadura en la vanguardia del fomento de la creatividad.

Pero vayamos al estreno. La obra alude a los trágicos sucesos acaecidos en Badajoz en 1936. De hecho, el propio título general de la obra proclama su contenido: Disparos de Luz. En memoria de las víctimas de la represión franquista. Badajoz 1936-2018.

La instrumentación es para orquesta sinfónica a dos, más la incorporación del clarinete bajo, el piccolo, el trombón bajo y la tuba. Asimismo, se complementa con un coro mixto, dos solistas (soprano y tenor), el piano y una nutrida parte de percusión.  El compositor ha remarcado el carácter de su mensaje con la aportación del coro de Cámara de Extremadura, el cual, dirigido por la reconocida Amaya Añúa, posee un relevante papel en la obra.

En efecto, las voces cantan un texto del poeta Antonio Gómez intercalado con frases escritas por el periodista portugués Mario Neves presente en los trágicos hechos acaecidos y responsable de la difusión internacional de los mismos. De este modo, la emoción de aquel suceso queda así perfectamente reflejada.

Pero, nada mejor que aludir a las palabras del propio autor para resumir el contenido de sus intenciones:

La vieja plaza de toros de Badajoz, demolida en 2002, hoy día Palacio de Congresos y sede de la Orquesta de Extremadura fue testigo directo de este genocidio, el escenario real de una matanza de la que aún queda tanto por recuperar en la memoria de todos. No permitamos que lo que debía y debe ser un lugar de memoria, se convierta en un lugar de olvido, pues como dejó escrito el historiador francés Pierre Vidal-Naquet: “El primer deber de la democracia es la memoria”. Y a ese deber cívico se consagra una obra como ésta.

Y en efecto, ahora, tantos años después, en el mismo emplazamiento de los hechos, si bien no en una plaza de toros sino en un auditorio, en vez de balas sonará la música. Esta mutación es el reflejo de lo que es nuestro país en la actualidad: un lugar en el que la reconciliación y el respeto se dan la mano.

En plena celebración del cincuentenario de la Revolución de Octubre, Dimitri Shostakovich (1906-1975) que había estrenado poco antes las Siete romanzas sobre textos de A. Blok y el Concierto para violín num.2, no quiso ser menos que el resto de los compositores más importantes del régimen soviético y por eso escribió un poema sinfónico no excesivamente largo (dura unos doce minutos) que denominó Octubre. Algo antes, con tan sólo 21 años había escrito su Sinfonía nº 2 con el mismo título y dedicada al décimo aniversario de la Revolución. Pero aquellos fueron otros tiempos y en 1967, el afán por no levantar sospechas de desafección, hizo que Shostakovich escribiera su opus 131 con cierta incomodidad. Para algunos, Octubre se encuentra entre los trabajos menos afortunados de su catálogo y lo cierto es que su estreno pasó sin pena ni gloria. Pero no exageremos y apreciemos las cualidades que presenta. Destaquemos el tema procedente de El canto de Partisanos que ya antes había incluido en la música incidental para la película Los Días de Volochaiev y fragmentos de composiciones anteriores, como por ejemplo de la Sinfonía nº 12.

Como decíamos, se acepta que Shostakovich fue poco original en esta obra, sin embargo, de nuevo nos invade la duda ¿fue deliberada esta desidia para así demostrar un desdén subliminal por el aniversario de una Revolución en la que ya no confiaba?  Sinceramente, no lo creo. Lo que seguramente sucedió es que la obligatoriedad de escribir para la ocasión (los compositores vivían de y para el Estado) le sorprendió en un mal momento. Shostakovich tenía otros proyectos mucho más importantes para él y este encargo, por muy patriótico que fuese, lo realizó sin excesivo entusiasmo, a contracorriente.  Pero incluso así, esto no impedirá que vibremos con sus mejores fragmentos. Al fin y al cabo, Shostakovich fue un genial maestro y hasta en los momentos menos inspirados de su catálogo podemos encontrar algunas perlas.

© Doménec González de la Rubia

Doménec González de la Rubia, compositor, director de orquesta y pianista extremeño, nacido en Mérida en 1964. Premiado en diferentes concursos de composición, ha desarrollado una amplia carrera internacional que le ha llevado a escenarios de Chicago, Moscú, Buenos Aires, Seúl, Hanói, París, Kazán, Pittsburg, Caracas, Bogotá, Manila, Múnich, Roma, La Habana, Bratislava etc. Actualmente es Presidente de la ACC y de FAIC. Como escritor es autor del libro La Música Religiosa de Cataluña en el siglo XX y de más de trescientos artículos dedicados a la historia y la estética musical.


Jordi Francés, director

Titulado en 2004 por la Hogeschool Zuyd de Maastricht (Holanda), postgraduado en dirección de repertorio contemporáneo en el “Conservatorio della Svizzera Italiana” de Suiza y premiado en varios concursos internacionales de dirección, durante años compaginó la percusión como concertista con la dirección musical a la que actualmente se dedica. Muy interesado en la creación contemporánea, ha llevado a cabo los estrenos mundiales de más de 80 obras y ha trabajado con prestigiosos compositores como: Birtwistle, Eötvös, Haas, Manoury, Sotelo, López-López, Hurel, Sánchez-Verdú, Camarero, Jesús Torres, Río-Pareja, Jesús Rueda, entre muchos otros.

Su amplia y heterogénea formación como director incluye el trabajo en profundidad de muy diversos repertorios con grandes maestros especialistas y durante más de una década. Ha trabajado activamente como alumno de profesores como: Kurt Masur, Peter Eötvös, Neeme Järvi, Paavo Järvi, Jorma Panula, Arturo Tamayo, Konrad von Abel, etc. en instituciones como la Manhattan School of Music de Nueva York, el citado “Conservatorio della Svizzera Italiana” en Suiza, el “International Bartok Seminar” de Hungría, la “International Järvi Academy de Estonia”, la “Eötvös Foundation” de Budapest, el IRCAM en París, entre otros.

En 2011 dirige la BBC Philarmonic en una grabación producida por la propia BBC y pese a su juventud, ya ha dirigido orquestas y grupos como: la Orquesta de Rtve, Ensemble Intercontemporain, Lucerne Festival Academy Orchestra, Orquesta de Extremadura, la Jonde, la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, con la que es director invitado frecuentemente y director de su Ensemble 20/21, Bulgarian State Opera con una producción completa de Madama Butterfly, Saavaria Symphony Orchestra, Orquesta Sinfónica de Corrientes (Argentina), Pärnu City Orchestra (Estonia), Orquesta de la Ópera de Dijon (Francia), Orquesta del Festival Ibérico de Badajoz, y un amplio etc.

Entre la actividad de las últimas temporadas destacan: su debut en el Teatro Real con la ópera “Brundibar”, en la Quincena Musical Donostiarra con música de Berio; los estrenos mundiales de Sánchez-Verdú, Mauricio Sotelo, López-López, Río-Pareja, Jesús Rueda, Juan Arroyo, etc. con el Ensemble Sonido Extremo, conciertos como director invitado de la Orquesta Arte-Sinfónica de Portugal, la dirección musical de “La del Manojo de Rosas” en gira por Extremadura, entre muchos otros.

Jordi Francés desarrolla actualmente una heterogénea actividad profesional que incluye: proyectos propios, conciertos como director invitado, teatro musical de nueva creación, y producciones de ópera como director asistente en los principales teatros españoles. Ha trabajado como asistente de: Lutz Köhler, Arturo Tamayo, José Ramón Encinar, Christian Zacharias y en la actualidad trabaja como asistente del maestro Josep Pons en el “Gran Teatre del Liceu” de Barcelona. Durante la presente temporada trabaja también con Peter Rundel en el estreno español de la ópera “Quartett” en el Liceu y con David Afkham en la nueva producción de la ópera “Bomarzo” del Teatro Real. De entre sus compromisos más cercanos destacan: 9ª Sinfonía de Mahler con la Jonde, su debut en las temporadas de abono de varias orquestas españolas, una producción escenificada del “Winterreise” de Schubert/Hans Zender, el estreno mundial de la ópera de cámara “La Paz Perpetua” con música de Río-Pareja y libreto de Juan Mayorga; y un amplio etcétera.