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Programa 01

Temporada de conciertos

2020-2021

Mi felicidad nunca podrá florecer

24 de septiembre Badajoz
25 de septiembre Cáceres

Orquesta de Extremadura
José Antonio López
Álvaro Albiach

Programa

1. (Concierto sin intermedio)

Gustav Mahler. Lieder eines fahrenden Gesellen / Canciones de un compañero de viaje (1884/1885-2014) *

Wenn mein Schatz Hochzeit macht / El día en que mi amor se case
Ging heut morgen übers Feld / Esta mañana caminé por el campo
Ich hab' ein glühend Messer / Tengo un cuchillo al rojo vivo
Die zwei blauen Augen von meinem Schatz / Los ojos azules de mi amor

Gustav Mahler. Rückert lieder (1901/02-2013) *

Liebst du um Schönheit / Si amas la Belleza
Ich bin der Welt abhanden gekommen / Me he retirado del mundo

José Antonio López, barítono

Gustav Mahler · Cliff Colnot. Sinfonía nº 10, Adagio (1910-2008) *

Álvaro Albiach, director

 

* Primera audición por la Orquesta de Extremadura

El drama y la incomprensión fueron dos elementos omnipresentes en la obra de Gustav Mahler. Por suerte, le inspiraron alguna de sus obras más bellas. José Antonio López nos visita por primera vez dentro del ciclo de conciertos, aunque siempre le recordaremos por su excelente interpretación en el rol de Jokanaan en la Salomé de Strauss que nos ofreció en el Festival de Mérida de 2014.

Notas al programa

En este programa que nos propone la Orquesta de Extremadura bajo la batuta de su director titular, Álvaro Albiach, se puede apreciar un interesante autorretrato emocional de uno de los compositores más trascendentales de la historia de la música, Gustav Mahler. Este viaje musical, planteado en orden cronológico, parte del primer gran ciclo de canciones de un Mahler veinteañero para desembocar en las últimas notas que escribiría en su vida.

Desde su nacimiento, la huella del sufrimiento estuvo de tal manera ligada a Mahler que, siendo aún un niño, solía responder a la habitual pregunta de «¿Qué quieres ser de mayor?» con un todavía inocente pero ya esclarecedor «¡Mártir!». Desde su nacimiento hasta su trágica muerte, el dolor fue un elemento que acompañó contantemente a Gustav y, como tal, es el punto de partida de estas tres obras compuestas en tres momentos muy diferentes de su vida. Del tormento interno de Tengo un cuchillo ardiendo al grito desesperado que supone el icónico cluster de nueve notas del Adagio de la Décima, transcurre ni más ni menos que un cuarto de siglo. Puede que en otras épocas 25 años pudieran incluso haber pasado inadvertidos, pero en ese momento supusieron una decisiva transición del post-romanticismo de Wagner, Brahms y Bruckner a la rompedora Segunda Escuela de Viena.

Quizá sea en este ciclo de Canciones de un compañero de viaje donde Gustav, en medio de su radiante juventud, plasme por primera vez sus sentimientos de nostalgia, soledad y profunda incomprensión a través de su arte. Estos sentimientos serían ya para siempre un componente omnipresente de la personalidad del compositor judío, y acabarían alcanzando su máxima expresión en La canción de la Tierra, la obra más íntima de Mahler, escrita pocos años antes de su muerte.

Recién finalizados sus estudios musicales en Viena y tras un breve paso por los teatros de ópera de Liubliana y Olomouc, Mahler obtuvo el primer cargo importante de su carrera tras el verano de 1883, cuando fue nombrado Director Musical del Real Teatro de Kassel. Allí conocería y trabajaría con la soprano Johanna Richter, enamorándose en seguida el uno del otro.

A pesar de lo intenso de la relación, ésta terminaría por romperse en cuestión de meses. Mahler narraba así, mediante una carta a su amigo el filólogo y arqueólogo Fritz Löhr, el que sería su último encuentro con la joven cantante: «Anoche estuvimos en su casa a solas y nos sentamos el uno al lado del otro casi en silencio. Ella marchó a la habitación de al lado y permaneció de pie en silencio junto a la ventana. Cuando regresó lloraba en silencio, y esa indescriptible tristeza se alzó entre nosotros como una barrera eterna. No pude hacer otra cosa sino apretar su mano y marcharme, sabiendo que todo había terminado». Siendo conscientes de este relato, cobran un significado especial los momentos de silencio que interrumpen constantemente la primera de las Canciones de un compañero de viaje, titulada Cuando mi amor se case.

Este ciclo de canciones está inspirado, como es fácil poder intuir a estas alturas, en las experiencias vividas junto a Johanna, que desembocaron en el que sería el primer gran desamor del apasionado Gustav. Las letras de los poemas fueron escritas incluso antes del definitivo desenlace del romance, siendo Mahler ya consciente de que la relación no llegaría a buen puerto. En palabras del propio compositor, este ciclo «trata de un joven camarada, maltratado por el destino, que marcha a través del vasto mundo y vaga a la deriva.» Dice mucho sobre la personalidad del compositor el hecho de que inicialmente publicara estos poemas con carácter anónimo, ocultando así que estas letras, más allá de la evidente influencia de los textos de El cuerno mágico de la juventud, habían brotado directamente de su vulnerable corazón.

Los títulos de tres de estas cuatro canciones son ya esclarecedores: El día que mi amor se case, Tengo un cuchillo ardiente clavado en el pecho y Los dos ojos azules de mi amor. Sin embargo será el poema restante, el más alegre con diferencia, el que en su desenlace llegue más al fondo de la cuestión. En esta segunda canción del ciclo, Salí esta mañana a pasear al campo, Mahler nos presenta a un protagonista que, rodeado de naturaleza, grita a los cuatro vientos lo bello que es el mundo. Toda esta alegría y luz cobrarán el más amargo de los sabores cuando el protagonista concluya afirmando que su felicidad nunca podrá florecer. Y quizá esta visión dualista de la existencia sintetice el sentir general de Gustav más allá del terreno amoroso. A pesar de todo lo maravilloso que tienen el mundo y la vida, Mahler acabará sentenciando que «La suerte no me fue propicia en este mundo» en la ya citada Canción de la Tierra, más de dos décadas después.

Para situarnos en la génesis de la siguiente obra del programa, los dos Rückert Lieder, debemos avanzar hasta el año 1901, que probablemente fuese el año más determinante y cambiante de toda la vida de Gustav. En primer lugar, su nombramiento como director titular de la Ópera de Viena, ciudad que atesoraba la hegemonía cultural europea, suponía el cúlmen de su carrera. Ese mismo año conoció a la joven Alma Schindler y apenas unos meses más tarde ya eran marido y mujer. Pero no todo iban a ser buenas noticias, pues la siempre delicada salud de Mahler le iba a causar cada vez más problemas. Tras dirigir una función de La Flauta Mágica de Mozart en Viena, sufrió una fuerte hemorragia, la más grave sufrida hasta la fecha a causa de su recurrente problema de hemorroides. Gracias a una rápida y exitosa intervención sobrevivió al accidente, pero ese encuentro frontal con la muerte le revivió muchos fantasmas del pasado, dado que Mahler ya había pasado por el dolor de ver fallecer a diez de sus hermanos y a sus dos padres.

Este hecho no hizo más que acrecentarse con el descubrimiento del poemario de Friedrich Rückert. El matiz que encierran estos textos está mucho más cercano al de la acechante sombra de la muerte que al del desamor. Si bien hasta ahora sus sinfonías se habían basado en los poemas infantiles y fantasiosos de la antología de El Cuerno Mágico de la Juventud, la influencia de los poemas de Rückert, escritos tras la muerte de dos de sus hijos, supuso un contraste total con todo lo compuesto anteriormente. Mahler se sintió inmediatamente identificado con el dolor y la nostalgia de los poemas de Rückert y compuso música para diez de ellos.

Los dos Lieder que se interpretarán en este programa son especiales por motivos diferentes. Si amas la belleza fue compuesto por y para Alma, con toda la fuerza e ilusión de un amor naciente. Gustav lo escondió entre las páginas de una de sus partituras para que ella se lo encontrase a modo de sorpresa. A diferencia del carácter vitalista que tiene excepcionalmente el Lied anterior, Me he retirado del mundo está plenamente impregnado de la melancolía característica de Rückert. Considerada por muchos la canción más personal de cuantas compuso Mahler, su nostalgia y su carácter soñador trazan un perfecto portarretrato de la personalidad del compositor y emocionan al oyente desde el primer segundo. Además, este Lied será muy influyente de cara a posteriores composiciones del músico de origen judío.

Y finalmente, se cierra el programa con Adagio de la Décima. El movimiento estrella de Mahler a lo largo de todas sus sinfonías, aquel que suele suponer el momento cúlmen o la conclusión de sus obras, en este caso aparece en primer lugar, como si Gustav ya supiese desde un comienzo que, de no ser así, lo mismo no podría finalizarlo. Ni siquiera le quedaba un año de vida a nuestro compositor cuando, durante el verano de 1910, empezó a dar vida a la que sería su última forma de expresión artística. La inacabada décima sinfonía, página desconocida para muchos que prefieren dar por finalizado el ciclo de Mahler con su Novena, deja la puerta entreabierta a un sinfín de incógnitas y debates. Como planteaba el gran Leonard Bernstein, tras esta última composición resulta complejo saber si, de haber vivido más tiempo, Gustav hubiese terminado de escalar la montaña para acampar junto a Arnold Schoenberg, Anton Webern y Alban Berg. También son motivo de discordia las diferentes versiones de la obra completadas tras la muerte del compositor, poniéndose en tela de juicio si la música hubiera sido similar en caso de que el propio Mahler hubiese podido terminar su obra.

Por aquel entonces, Mahler ya había abandonado Viena para mudarse a la Ópera de Nueva York. Igualmente ya se había abandonado a sí mismo para darse a Alma, su mujer y su Creator Spiritus, en un intento desesperado por recuperar la ilusión de sus ojos, que ahora llevaba el nombre del joven arquitecto Walter Gropius. Herido de muerte tras la pérdida de su hija primogénita y tras descubrir su incurable arritmia cardiaca, Alma y su música eran las únicas razones que aún aferraban a Mahler a la vida. Esta décima sinfonía bien se podría decir que es Muerte, Alma y Revolución a partes iguales. Acordes cercanos al atonalismo, dos Scherzos, violentos golpes de bombo imitando un cortejo fúnebre, el uso del espectro armónico al final del Adagio, constantes citas del autor a pie de página… en definitiva, una obra que mira tanto al pasado como al futuro con tal de no mirar al presente. En los bocetos inacabados del manuscrito del resto de la sinfonía se puede apreciar como, tras dedicarle unas últimas palabras a Alma, la sinfonía acabaría plácidamente en Fa # Mayor, como si ni siquiera todos los golpes del destino, ni la enfermedad, ni la muerte, ni el desamor hubieran sido capaces de apagar la luz y la pureza en lo más profundo del alma del genio.

© Jorge Yagüe

Jorge Yagüe (Madrid, 1996) es director titular de la Joven Orquesta Leonesa y del Ensemble Galilei. Se ha puesto al frente de agrupaciones de la talla de la Joven Orquesta Nacional de España, la Orquesta de Extremadura o la Orquesta Filarmónica de Málaga, actuando en escenarios como el Auditorio Nacional, el Palacio de Congresos de Salamanca, el Auditorio Ciudad de León o el Palacio de Congresos de Badajoz. Yagüe realizó sus estudios superiores en dirección de orquesta con el Maestro Borja Quintas, así como los de piano con la Maestra Nino Kereselidze, ambos en el Centro Superior Katarina Gurska.

José Antonio López

El barítono José Antonio López es un cantante versátil que navega entre estilos y épocas, desde el Barroco a la música contemporánea, repartiendo su actividad artística entre el concierto, la ópera y el recital, siempre de forma atenta a la estilística y expresividad de cada período y al uso de la voz al servicio de la música.

Sus recientes y próximos compromisos en salas como la Berliner Philharmoniker, Laeiszhalle de Hamburgo, Konzerthaus y Musikverein de Viena (donde ha cantado la Johannes y Matthäus-Passion de Bach), o Mozarteum de Salzburg, así como junto a orquestas como la Cincinnati Symphony, Dresdner Festspieleorchester, BBC Symphony, Filarmónica de Varsovia, La Cetra Barockorchester, Budapest Festival o Nacional de España, acreditan su gran momento, siendo dirigido habitualmente por maestros como Afkham, Bolton, Fischer, Haselböck, Heras-Casado, Hernández Silva, Luisotti, Marcon, Mena, Noseda, Pablo Pérez, Pollini, Pons o Rouset.

Los últimos años atestiguan un gran crecimiento de su actividad lírica, en el que tienen una importante presencia las óperas de Händel y la música contemporánea (roles protagonistas en los estrenos de El Público de Mauricio Sotelo en el Teatro Real y de L’enigma di Lea de Benet Casablancas en el Liceo de Barcelona), pero en el que también hay incursiones en Mozart, Verdi (Macbeth, Germont, Iago o Amonasro), Puccini, Wagner (Der fliegende Holländer) y Strauss, entre otros.

En el campo de la ópera futuros compromisos incluyen proyectos en la Opéra de Lausanne, Händel-Festspiele Halle, Teatro Real de Madrid o Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Programa 01

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2020-2021

Mahler. Lieder eines fahrenden Gesellen
Mahler. Rückert lieder
Mahler · Colnot. Sinfonía nº 10, Adagio

Mi felicidad nunca podrá florecer

24 de septiembre Badajoz
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