Señoras y señores, les damos la bienvenida al decimocuarto y último programa de abono de la orquesta de todos, la Orquesta de Extremadura. Una vez ya presentada la programación de la temporada 2022/23 bajo el lema ¡Degusta!, les invitamos a degustar por anticipado el último de los Esfuerzos. Éste saca a relucir de manera mayúscula el esfuerzo que puede haber detrás de la belleza, no solo en términos de interpretación, sino también en términos de composición, como es el caso de la Quinta Sinfonía del compositor ruso Dmitri Shostakóvich. Especialmente significativo es llevar a cabo este programa, compuesto íntegramente por dos de los mayores ‘greatest hits’ de la música rusa, en unos tiempos más que convulsos e inestables en los que todos los que amamos la música defendemos la necesidad de saber separar entre arte y política, evitando así que la música clásica rusa quede salpicada o infra programada por consecuencia de las decisiones de su gobierno actual.
Y paradójicamente, en pocas etapas y lugares a lo largo de la historia se puede encontrar un nexo más intenso entre música, política y sociedad que en la época de la Unión Soviética del dictador Iósif Stalin.
Dmitri Shostakóvich (1906-1975) vivió el comienzo de la dictadura coincidiendo con los años de su consagración como compositor de primer nivel. Tras alcanzar rápidamente el reconocimiento popular y convertirse en una figura de referencia, Shostakóvich se encontró pronto en una tesitura verdaderamente complicada ante el régimen dictatorial. Sus ideas políticas (gran objeto de discusión a lo largo de casi un siglo y llenas de aparentes contradicciones) y por tanto sus anhelos de expresión artística estuvieron desde el principio condicionados por la vara de medir del régimen. Éste afirmaba que la sociedad y la vida soviética prosperaban bajo el mandato de Stalin, y cualquier manifestación artística que diese a entender que la realidad era bien diferente, era objeto de castigo y persecución.
El primer gran choque de nuestro compositor con Stalin se produjo de la mano de su ópera Lady Macbeth, cuyo argumento insinuaba la muerte justificada de un tirano debido a su comportamiento abusivo y brutal. Como respuesta, a principios de 1936 se publicó en el Pravda (diario oficial del Partido Comunista) un artículo demoledor contra la música y la figura de Shostakóvich, que posiblemente procedía del propio dictador en primera persona. Esto significaba una amenaza en toda regla para la vida del músico y la de sus seres queridos, decidiendo este entonces postergar el estreno de su también oscura Cuarta Sinfonía.
Ante este panorama, podemos empezar a entender que esta Quinta Sinfonía suponía un verdadero ultimátum para Shostakóvich, así como las fatales consecuencias que podía acarrear un nuevo enfado por parte del gobierno. A raíz estas circunstancias, el compositor introdujo en la obra todo tipo de dobles sentidos, mensajes encubiertos, ambigüedades y sobre todo utilizó una enorme inteligencia para crear una música que no sólo se salvase de la censura y apaciguase al régimen, sino que al mismo tiempo diera lugar a interpretaciones en el sentido contrario, siendo así fiel de alguna manera a sus ideales y a su integridad artística.
A un primer movimiento lleno de dudas y contrastes, le siguen un segundo movimiento a caballo entre un vals y un scherzo satírico, y un tercero que nos traslada al género réquiem, un gran lamento interrumpido por momentos de plegaria y momentos de profunda rabia. Pero toda la sinfonía queda marcada por el cuarto y último movimiento, donde una violenta marcha militar acabará desembocando en un insistente final en la aparentemente triunfal tonalidad de Re Mayor. El célebre cellista Rostropóvich definió el final como «un rostro que sonríe mientras se le caen las lágrimas», afirmando que «hace falta ser idiota para poder pensar que el final de la sinfonía es luminoso». El propio compositor, no se sabe si por su iniciativa o de manera impuesta, tituló la obra como La respuesta de un artista soviético ante unas críticas justificadas. El estreno fue un tremendo éxito. La figura de Shostakóvich recuperó cierto crédito ante el régimen. La sociedad siguió acentuando su crisis ante las decisiones del gobierno. Y sin realmente tener ninguna certeza oficial sobre esta música, solo queda ver si ustedes el público, al igual que el que abarrotó el estreno aquel noviembre de 1937, son capaces de “leer la letra invisible” de esta música inmortal. Todo ello, bajo la dirección de nuestro maestro titular Andrés Salado.
Como aperitivo ante una Sinfonía de tal calado histórico, escucharemos ni más ni menos que el Concierto para piano nº 1 de Piotr Ilich Chaikovski, probablemente el concierto más sonado y aplaudido de los que se hayan escrito para ‘el instrumento rey’.
Pese a su fama actual, el concierto compuesto por un aún joven Chaikovski en 1874 tuvo una primera recepción complicada, posiblemente por la de elementos innovadores e ideas revolucionarias que posee. El compositor había dedicado la obra originalmente a su amigo y mentor Nikolái Rubinstein, uno de los músicos más apreciados en la sociedad rusa del momento y además uno de los que más había apoyado e interpretado su música. Pero para sorpresa de nuestro protagonista, en esta ocasión Rubinstein mostró un claro rechazo por la obra, descalificándola y aconsejando a Piotr efectuar amplios cambios en la partitura.
Por suerte, Chaikovski se mantuvo fiel a sí mismo y mantuvo intacta una partitura que tardaría poco en convertirse en una de las más apreciadas e interpretadas.
El concierto, que implica un alto grado de virtuosismo en el solista así como un amplio ejercicio de diálogo y empaste por parte de la orquesta, estará interpretado por la artista rusa Anna Tsybuleva, quien se alzase hace unos años con el primer premio en el Concurso Internacional de Leeds… ¡espectáculo asegurado!
Y con este torrente de intensidad, melodías, folklore y carga emocional, nos despedimos hasta la temporada que viene. Solo queda agradecerles que hayan querido acompañarnos durante este primer capítulo de una nueva etapa en la OEX, y les esperamos de nuevo muy pronto para seguir creciendo y disfrutando de la música juntos. Ya les advertimos que lo que está por venir no defraudará… ¡vayan haciendo apetito para poder degustarlo como es debido!
© Jorge Yagüe
Jorge Yagüe (Madrid, 1996) es director titular de la Joven Orquesta Leonesa y del Ensemble Galilei. Se ha puesto al frente de agrupaciones de la talla de la Joven Orquesta Nacional de España, la Orquesta de Extremadura, la Janacek Philharmonic Ostrava o la Orchestra Senzaspine, actuando en escenarios como el Auditorio Nacional, el Teatro dei Rinnovati, el Auditorio Ciudad de León o el Palacio de Congresos de Badajoz.
Yagüe realizó sus estudios superiores en dirección de orquesta en el Centro Superior Katarina Gurska con el Maestro Borja Quintas, ampliándolos posteriormente en la Academia Chigiana (Siena) de la mano del Maestro Daniele Gatti.
Anna Tsybuleva
Descrita por Gramophone Magazine como una “magnífica pianista con total maestría musical”, Anna Tsybuleva entra en el panorama internacional cuando fue galardonada en 2015 con el Primer Premio en el Leeds International Piano Competition. Aclamada por la crítica, fue descrita como “una pianista con un talento poco común: desde el triunfo de Murray Parahia en 1972, Leeds no había tenido un ganador de semejante calibre y elegancia musical”.
Su exitosa carrera internacional tuvo sus inicios de manera mucho más modesta. Nacida en 1990, Tsybuleva creció en Nizhny Arkhyz —un pueblo muy pequeño de aproximadamente 500 habitantes—, en la República de Karacháyevo-Cherkesia en Rusia, donde la naturaleza y la belleza del paisaje eran una constante fuente de inspiración. Este entorno se ve reflejado en su única manera de tocar, que irradia la intimidad más profunda, envolviendo al oyente a esa atmósfera tan especial incluso en las más grandes salas de concierto.
En la temporada 2019/2020 destaca su debut internacional con un recital en el Het Concertgebow en Amsterdam y en el Cemal Reşit Rey Concert Hall en Estambul. Tiene un contrato discográfico en exclusiva con Signum Classics. Su primer lanzamiento con la discográfica fue el Concierto para Piano No.2 de Brahms, con la DSO Berlin y la directora Ruth Reinhardt. Entre los conciertos pospuestos debido a la pandemia del COVID19 cabe destacar su debut como solista en Alemania con la Sinfonieorchester Wuppertal y Julia Jones, y su debut norteamericano en el Brevard Music Festival en Carolina del Norte.
Tsybuleva abrió la temporada 2020/2021 con su regreso con la National Philharmonic Orchestra of Russia con Vladimir Spivakov. La temporada continúa con múltiples recitales en las salas más emblemáticas de Europa, incluyendo su debut en Francia en la Salle Cortot de París. Destaca también su debut en Polonia con la Silesian Philharmonic Orchestra y Sebastian Perłowski.
Esta temporada Tsybuleva se embarca en un gran tour de recitales en China, culminando con un concierto en el Shanghai Oriental Arts Center. Uno de los proyectos más destacados de esta temporada el estreno y la grabación de un concierto de piano en Abby Road Studios con la London Symphony Orchestra y Marin Alsop.
En recital, Tsybuleva aparece regularmente en los mejores escenarios internacionales, como son el Palais des Beaux-Arts, Philharmonie Luxem bourg, Tonhalle Zürich, y el Wigmore Hall.
Como solista, cabe destacar su aparición con Basel Symphony, Mariinsky, Oxford Philharmonic, Royal Philharmonic, Royal Liverpool Philharmonic, Singapore Symphony, St. Petersburg Philharmonic y Tokyo Philharmonic Orchestra.
Además cabe destacar su estrecha colaboración con directores como Sir Mark Elder, Michał Nesterowicz, Vladimir Spivakov, Yuri Termikanov y Joshua Weilerstein, entre otros.
Muy solicitada en Asia, Tsybuleva tuvo recientemente un tour de 14 conciertos como solista con la Asian Youth Orchestra a lo largo de China, Hong Kong, Filipinas, Taiwán y Japón.
Tsybuleva tuvo su primera clase de piano a los 6 años y entró en la Shostakovich Music School en Volgodonsk a los 9 años. A los 13 años continuó sus estudios en la Moscow Central School y en el Moscow State Tchaikovsky Conservatoire, con la aclamada profesora Lyudmila Roschina. A lo largo de esta etapa, Tsybuleva obtuvo sus primeras victorias en múltiples concursos, incluyendo el Grand Prix del International Gilels Piano Competition (2013), el Hamamatsu International Piano Competition (2012) y Takamatsu International Piano Competition (2014).
Después de graduarse en el Moscow Conservatoire en 2014, con el premio a la “Mejor Estudiante”, Tsybuleva continuó sus estudios con Claudio Martínez-Mehner en la Hochschule für Musik en Basilea. Durante esos dos años desarrolló su pasión por el repertorio Romántico de la escuela alemana. En 2015 ganó el mencionado Leeds International Piano Competition con su fascinante interpretación del Concierto para piano No.2 de Brahms, bajo la batuta de Sir Mark Elder con la Hallé Orchestra.
Desde entonces Tsybuleva ha combinado su carrera internacional con su curiosidad y su afán de conocimiento, acabando de completar recientemente su Diploma de Posgrado en State Tchaikovsky Conservatoire de Moscú.
Su debut álbum en recital (Fantasien, publicado en Champs Hill en 2017) comprende fantasías para piano de C.P.E Bach, Beethoven, Schubert y Brahms. Aclamado por la crítica internacional por su creatividad y su elaborado repertorio. En palabras de Fanfare Magazine: “la manera magnética de tocar de la joven artista rusa es pensativa, elegante y emocionante… siempre he admirado la versión de Sviatoslav Richter, pero este nuevo álbum es incluso más satisfactorio por su enfoque más amplio”
Con su “energía, su bravura y su manera de comunicar sus emociones a flor de piel” (International Piano Magazine), Anna Tsybuleva está emergiendo como una de las jóvenes pianistas más prometedoras de su generación, “destinada a convertirse en una estrella del piano” (APE Musicale, Italia).
