Notas al programa
Una pregunta esencial planea sobre este programa de abono de la Orquesta de Extremadura: ¿Cómo nos relacionamos con la tradición sin quedar atrapados en ella? Cada uno de los autores que aparecen en el concierto afrontan esta tensión de manera diferente. Serguéi Prokófiev en su Sinfonía Clásica concibe un experimento estético tan brillante como provocador, retándonos a imaginar cómo habría escrito Joseph Haydn si hubiera vivido en el siglo XX. Los compositores franceses que completan el programa responden a la cuestión asumiendo la herencia no tanto como un modelo estructural sino como un gesto cultural, una referencia simbólica o como material expresivo. Bajo la dirección de Nodoka Okisawa, estas obras dialogan entre sí como si se preguntaran no solo qué heredamos de la tradición, sino cómo podemos reescribirla hoy, con honestidad expresiva y sentido crítico.
Serguéi Prokófiev. Sinfonía n.º 1 en re mayor, op.25, «Sinfonía Clásica» (1916-1917)
Situémonos en el verano de 1917, un año extraordinariamente convulso en Rusia. Visualicemos el cuadro que John Reed dibujó de forma elocuente en su célebre libro: escasez, los rigores de la guerra, la penuria de los soldados en el frente, pero también la pasión política y el ambiente revolucionario. En medio de este contexto (o, más bien, de espaldas al mismo), Prokófiev realiza la mayor parte de su alegre sinfonía en el campo, a las afueras de Petrogrado, entre lecturas de Kant y paseos por la naturaleza. La fama de personaje flemático, despreocupado y “yoista” no nace de la nada. Pero Prokófiev camina a contracorriente también en lo estético. Con la intención explícita de “burlar a los gansos” y mientras las vanguardias ponen en cuestión las formas heredadas, nuestro joven y descarado autor compone una sinfonía que es a la vez homenaje y subversión. “Me pareció que si Haydn hubiera vivido en nuestros días habría conservado su propio estilo y aceptado algo de lo nuevo al mismo tiempo”, escribiría años después. El resultado es una obra que adopta el modelo de la sinfonía clásica —cuatro movimientos bien definidos, desarrollo temático y textura transparente— pero trufada de aceleraciones sorpresivas, acentos irónicos, modulaciones audaces y un sentido del juego casi teatral. Como si estuviéramos viendo una película de época y en una típica escena de fiesta versallesca al aire libre, entre abultadas faldas, pelucas blancas y polvos de arroz, cruzara la pantalla un Ford T de principios del siglo XX. El ambiente general de la obra es desenfadado, incluso humorístico, desde su Allegro inicial, pasando por el ingrávido segundo movimiento, la breve gavota y el desbocado final que reescribió tratando de evitar deliberadamente cualquier acorde menor. Desde antes de su estreno, Prokofiev sabía que los viejos profesores de inclinación clásica (falsos clásicos, en su opinión) protestarían a gritos por ese nuevo ejemplo de su insolencia, que lo acusarían de “no dejar a Mozart yacer tranquilo en su tumba” y de toquetearlo con “sus sucias manos”. Pero también estaba convencido de que sus partidarios verían que el estilo de su sinfonía era “precisamente clasicismo mozartiano” y lo valorarían en consecuencia, mientras que el público la aplaudiría y “se contentaría con escuchar música alegre y sencilla”.
Jacques Ibert. Divertissement (1930)
El diálogo de Ibert con la tradición se parece bastante a su manera de relacionarse con las tendencias artísticas de su época: sin entregarse por entero pero sin repudiar a priori ninguna herramienta. “Todos los sistemas son válidos”, llegó a afirmar. Ibert había crecido en una familia adinerada y rodeado de músicos a finales del siglo XIX y principios del XX, recibió una sólida formación y en 1919 fue galardonado con el prestigioso Prix de Rome. Su obra Divertissement es una suite de concierto a partir de la música incidental escrita para una producción de 1929 de Un sombrero de paja de Italia, comedia de enredo que se había hecho muy popular en Francia a mediados del siglo anterior. Su argumento no se andaba con profundidades: infidelidades, un embrollo a cuenta de un sombrero devorado por un caballo, un día de boda con muchos contratiempos… La música refleja este ambiente burlesco, casi circense, a la perfección: ironía, citas trastocadas (como la de la Marcha nupcial de Mendelssohn en el segundo movimiento, Cortège), ambiente festivo, algunas secciones poéticas intercaladas y la instrumentación brillante de un “malabarista de timbres”, como le llamó un crítico de la época.
Maurice Ravel. Pavana para una infanta difunta (1910)
Maurice Ravel escribió la pieza que aparece en sus programas en su época de estudiante en París donde, en su primera versión para piano solo, cosechó un éxito fulgurante entre intérpretes de todos los niveles. Se cuenta que, en cierta ocasión, Ravel se dirigió a un pianista tras una plúmbea interpretación para recordarle con malicia el título de su obra: “Es Pavana para una infanta difunta y no Pavana difunta para una infanta”. De hecho, pese a su aire parsimonioso, no está del todo claro que se trate de una pieza luctuosa: “No es un lamento fúnebre por una niña muerta”, escribió el autor, “sino una evocación de una pavana que podría haber bailado una princesita como las que pintó Velázquez”. Ravel emplea pues una antigua danza como referencia, pero la música se sitúa en un espacio sonoro atemporal, donde la tradición aparece más como memoria estilizada o eco simbólico que como base estructural. Como una especie de contemplación sonora del pasado. Años después, en 1910, llevó la obra al ámbito sinfónico con la maestría propia del que tal vez sea el más grande orquestador de todos los tiempos. Un crítico destacó la “melodía ligeramente remota y bella” del comienzo, que en versión orquestal Ravel le encomendó a la trompa natural, un instrumento que ya estaba en desuso en toda Europa, orillado por la trompa de válvulas, pero que en Francia resistía en ciertos ámbitos de la academia y la interpretación: tal vez otro guiño poético a la tradición.
Francis Poulenc. Sinfonietta, FP 141 (1947)
El concierto concluye con la celebrada Sinfonietta de Francis Poulenc, miembro del grupo de Les Six, pero que en buena medida fue considerado como un ecléctico rebelde, mitad monje, mitad gamberro, a decir del crítico Claude Rostand. De hecho, el estilo de su Sinfonietta ocupa un territorio indeterminado en esta estela de reescribir lo heredado. Su neoclasicismo extravagante, como fue llamado, no es arqueológico ni experimental, sino que opera al servicio de la transmisión expresiva. La tradición se convierte pues en un lenguaje compartido para la interlocución con el público, un código cultural reconocible y no un objeto de reconstrucción o un sistema formal rígido. De ahí su condición de figura “inadaptada” dentro de su propio entorno: no encajaba en la vanguardia ni en la academia, porque su música no buscaba ruptura ni legitimación estética, sino comunicación. La Sinfonietta fue el fruto de un encargo de la BBC y su estreno tuvo lugar en el otoño de 1948, bajo la dirección de Roger Désormière. Algunas referencias a las sinfonías de Haydn han provocado que más de un crítico la relacione precisamente con la Clásica de Prokófiev. Pero lo cierto es que, como un ejemplo certero del gusto de Poulenc por el sincretismo estilístico, la obra discurre entre sonoridades modales (arcaicas, preclásicas), digresiones armónicas posrománticas, pasajes enigmáticos en los movimientos centrales, inspiradísimas melodías y combinaciones instrumentales coloristas y vivaces. El concierto que van a presenciar no pretende ser un simple mosaico de estilos nacionales o estéticos, sino que propone una reflexión sobre la tradición como proceso activo. De esta forma, diríamos que Prokófiev la convierte en una suerte de estructura reinterpretada; Ravel, en memoria poética; Ibert y Poulenc, en materia prima con fin lúdico y social. En estas músicas, a pesar de las diferencias, el pasado se exhibe no como una reliquia que se conserva intacta, sino como una entidad que se transforma para seguir siendo habitable, reconfigurando la herencia. En esa transformación —en esa capacidad de reescritura, adaptación y desplazamiento— la música encuentra su continuidad histórica y se presenta como lenguaje vivo. Que disfruten de la conversación.
© Santiago Pavón
Violinista de la Orquesta de Extremadura y Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración. Es divulgador y presenta las charlas previas a los conciertos de la temporada de la Orquesta de Extremadura.
Interpretaciones anteriores
La «Sinfonía Clásica» de Prokófiev se interpretó por primera vez el 11 de junio de 2004 en el Gran Teatro de Cáceres, dirigida por Jesús Amigo. No se programó más hasta el 26 de enero de 2012 en el Palacio de Congresos de Badajoz, cuando dirigió Josep Vicent, en el periodo de incertidumbre que vivimos sin director titular entre Jesús Amigo y la llegada de Álvaro Albiach.
La Pavana para una infanta difunta de Ravel tiene un solo precedente: fue con Álvaro Albiach, los días 28 y 29 de abril de 2016, interpretada en Palacio de Congresos de Badajoz y Gran Teatro de Cáceres, respectivamente.
En cuanto a la Sinfonietta de Poulenc, el primer registro data del 11 de marzo de 2010 en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Mérida, dirigida por Charles Oliveri-Munroe. La interpretación más reciente es del 26 de febrero de 2021 en el Palacio de Congresos de Cáceres, dirigiendo François López-Ferrer.
Nodoka Okisawa
Nodoka Okisawa es directora titular de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Kioto desde 2023, y su contrato se ha prorrogado por tres años más, hasta marzo de 2029. En febrero de 2024, fue nombrada por primera vez directora invitada principal del Festival de Matsumoto por su fundador, Seiji Ozawa. Su primer encuentro con la Orquesta Saito Kinen fue en el festival de 2022, donde dirigió Le nozze di Figaro de Mozart en una producción de Laurent Pelly y fue inmediatamente invitada a volver.
Nodoka Okisawa es la ganadora del prestigioso Concours international de jeunes chefs d’orchestre de Besançon 2019, donde recibió el «Grand Prix», el Premio de la Orquesta y el Premio del Público. Además, en 2018 ganó el Concurso Internacional de Música de Tokio para Directores, uno de los concursos internacionales de dirección más importantes.
De 2020 a 2022, disfrutó de una beca en la Karajan-Akademie de la Filarmónica de Berlín y fue también asistente de Kirill Petrenko. Además de sus propios proyectos de conciertos junto con los miembros de la academia de la Filarmónica de Berlín, también dirigió el Concierto Solidario por Ucrania en marzo de 2022 con miembros de la Filarmónica de Berlín por invitación del presidente federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier. Otro momento destacado fue el concierto conjunto con Kirill Petrenko para conmemorar el 50.º aniversario de la Karajan-Akademie en mayo de 2022.
En la temporada 23/24 debutó con la Kammerorchester Basel, la Winnipeg Symphony Orchestra, la Orchestre symphonique de Québec y la BBC National Orchestra of Wales. También volvió una vez más a la Tokyo Symphony Orchestra y a la Münchener Symphoniker, donde fue artista residente durante la temporada 2022/23. En junio de 2024 debutó con la NHK Symphony Orchestra Tokyo y en mayo de 2025 debutará con la Royal Scottish National Orchestra.
Es invitada habitual de las principales orquestas de Japón, entre ellas la Yomiuri Nippon Symphony Orchestra, la New Japan Philharmonic, la Japan Philharmonic Orchestra y la Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra.
Okisawa ha asistido a numerosas clases magistrales, entre otras con Neeme, Paavo Järvi y Kurt Masur. En 2019 fue seleccionada para la Academia Italiana de Ópera Riccardo Muti en Tokio. Ha adquirido más experiencia en el pasado como directora asistente de la Orquesta Ensemble Kanazawa, así como en producciones de ópera en Japón y Europa. En noviembre de 2020, dirigió una producción de La viuda alegre de Lehár en el Teatro de Ópera Nikikai de Tokio, donde volverá en febrero de 2025 con una producción de Carmen.
En 2023 recibió el «Premio Hideo Saito Memorial Fund» de la Fundación Sony Music.
Nacida en Aomori, Japón, aprendió a tocar el piano, el violonchelo y el oboe desde muy pequeña. Estudió dirección de orquesta en la Universidad de las Artes de Tokio con Ken Takaseki y Tadaaki Otaka y se graduó con un máster. En 2019, obtuvo su segundo máster en la Hochschule für Musik Hanns Eisler Berlin con Christian Ehwald y Hans-Dieter Baum. Nodoka Okisawa vive actualmente en Berlín.
