Notas al programa
Justo ahora que atisbamos la primavera en el horizonte, la tenue luz del norte se cuela de nuevo en las salas de conciertos de Extremadura de la mano de Izabelė Jankauskaitė. En el programa: una estampa de naturaleza de Finlandia, dibujada por su más conspicuo autor; una sinfonía elaborada con moldes clásicos y contenido folklórico, propuesta máxima de Stenhammar en su camino de huída de la larga sombra del wagnerismo; y, en medio de ambas, la potencia expresiva de Julian Steckel en uno de los grandes conciertos del repertorio para violonchelo.
Jean Sibelius. Escena con grullas, op.44, n.º 2 (1906)
Jean Sibelius contemplaba las aves desde el porche de su casa a orillas del lago Tuusula con una fascinación cercana al éxtasis: “Es curioso que nada en el mundo entero, ya sea arte, literatura o música, tenga el mismo efecto en mí que estos cisnes, grullas y gansos salvajes, sus sonidos y su propio ser”. Las huellas musicales de ese impacto emocional intenso se rastrean en su Quinta Sinfonía o en esta Escena con grullas, cuyo vuelo lejano evoca una presencia ambigua: tránsito, despedida, incluso un eco de muerte. Compuesta como parte de la música incidental para la obra Kuolema (La muerte) de Arvid Järnefelt, influyente escritor, jurista respetado, defensor de la lengua y la cultura finesas y cuñado del compositor, la pieza se inscribe en un momento de creciente afirmación nacional y condensa en apenas unos minutos una de las constantes del universo sibeliano: la naturaleza como espacio simbólico plasmada en música de horizontes amplios. En cierto modo, Sibelius nos plantea una estampa casi pictórica: las cuerdas con sordina establecen un fondo estático, del que emergen llamadas de los clarinetes como el canto de las grullas desde la distancia en un trazo que, como su presencia en el cielo para quien las contempla, discurre y se desvanecen en una pincelada, a base de intervalos abiertos y resonancias que parecen perderse en la lejanía. No hay un desarrollo dramático como tal, pues el autor no describe un acontecimiento, sino que crea una atmósfera suspendida de timbres que evolucionan sosegadamente.
Camille Saint-Saëns. Concierto para violonchelo y orquesta n.º 1 en la menor, op.33 (1872)
Camille Saint-Saëns escribió su Concierto para violonchelo n.º 1 en la menor cuando aún levantaba recelos en los ambientes académicos por sus devaneos modernistas. Una circunstancia que tal vez extrañe a quienes, desde la atalaya del presente, pudiéramos dejarnos guiar por el estereotipo que acabó soportando el autor en su vejez, el cual lo identificaba como una reliquia de un tiempo pasado. Sin embargo, aunque los estereotipos a veces ayudan a crear imágenes mentales útiles, pueden acabar arruinando la comprensión profunda de una mente compleja, brillante y prolífica. Saint-Saëns disfrutó de una vida larga y productiva, no exenta de pasajes trágicos, como la pérdida de dos hijos de cortísima edad. Fue niño prodigio, pianista virtuoso, director de orquesta, poeta, políglota, viajero empedernido, pero también un dotadísimo y ecléctico estudioso de disciplinas alejadas, lo que le permitió escribir y discutir de tú a tú con grandes intelectuales sobre temas relacionados con la botánica, la entomología, la filosofía, las matemáticas o la astronomía. Dedicó su Concierto para cello a otro personaje peculiar, Auguste Tolbecque, quien lo estrenó en el Conservatorio de París en 1873. La obra apuesta por una construcción inusual, aunque no inédita: en vez de en los tres movimientos clásicos, discurre más bien en un solo trazo continuo articulado en tres secciones contrastantes. Su comienzo es ya impactante: sin introducción de la orquesta el violonchelo irrumpe en escena con un remolino de notas en tresillos que afirma un protagonismo inmediato. La obra transcurre desde este inicio combinando virtuosismo ágil y canto lírico en proporciones cuidadosamente equilibradas. La escritura evita el exceso retórico y se apoya en una claridad estructural que revela la admiración del compositor por la tradición clásica francesa. El episodio central introduce un carácter más íntimo, aunque despreocupado, casi camerístico, antes de desembocar en un final de energía rítmica que recoge materiales del comienzo. Esta síntesis entre elegancia formal y expresividad directa contribuyó a que la pieza fuera acogida con benevolencia por sectores críticos que habían juzgado con severidad otras audacias del autor.
Wilhelm Stenhammar. Sinfonía n.º 2 en sol menor, op.34 (1915)
Cuando Wilhelm Stenhammar emprendía la labor de levantar la que sería su Segunda Sinfonía a principios de la segunda década del siglo XX, la música occidental se encontraba en un momento de quiebra estética. Mahler, último representante de una larga tradición, moriría en 1911 y el influjo hegemónico del wagnerismo comenzaba a resquebrajarse. Las distintas corrientes artísticas de aquellos años afrontaron el momento disruptivo tomando caminos muy diferentes que podemos rastrear en figuras como Schönberg, Stravinski, Hindemith… Stenhammar nació en Estocolmo y recibió buena parte de su formación en Berlín, donde adquirió el influjo de la música de Bruckner y, por supuesto, de Wagner. Él mismo describía su Primera Sinfonía como propia de un “idílico Bruckner”. Sin embargo, en aquellos años de comienzos del siglo asistió a la interpretación de la Segunda Sinfonía de Sibelius, lo que supuso para él una suerte de epifanía. Se conserva una carta que dirigió al autor finlandés en términos de verdadera devoción: “Debes saber que has estado en mis pensamientos a diario desde que escuché la sinfonía. Tú, gloriosa persona, has sacado a la luz un gran tesoro de maravillas de las profundidades del inconsciente y de lo inefable. Lo que sospechaba se ha hecho realidad: te encuentras ante mí en este momento como lo más importante, lo único, lo insondable…”. Stenhammar se sintió profundamente conmovido por la sinfonía de Sibelius, pero, como recuerda Robert Quist, “no asumió el manto sibeliano”, sino que aquella experiencia le sirvió de revulsivo para iniciar una búsqueda de lo que se ha dado en llamar su “estilo nórdico”. En este trayecto recibió el influjo de otro insigne autor, Carl Nielsen, del que siempre admiró su empeño por mantenerse lejos de la estela de Wagner. Así lo expresaba en una carta que le dirigió el propio Stenhammar: “Si uno desea ir más allá tomando a Wagner como punto de partida, sólo llegará a Richard Strauss y sus seguidores”. La Segunda Sinfonía representa el resultado más acabado de esa búsqueda de emancipación estética y el método para tal fin pasa por el empleo de los moldes clásicos, el contrapunto, el desarrollo motívico para ennoblecer y “pulir la naturaleza intrincada de la música folclórica”. La obra comienza así con una melodía al unísono de tintes modales, arcaicos (el propio autor llegó a decir que se trataba de una “sinfonía dórica”) que, según algunos autores, se refiere a varias canciones populares suecas. A partir de ella se establecen formas de desarrollo que nos recuerdan al tratamiento beethoveniano y a la construcción por bloques de Sibelius. El Andante, con momentos con carácter casi de marcha fúnebre, ha sido relacionado por varios académicos con la tragedia de Esquilo, Prometeo encadenado, pero no hay una constatación definitiva de tal vínculo. El aire de danza antigua y las sonoridades modales se cuelan de nuevo en el Scherzo, mientras que en el último movimiento, el compositor se emplea en elevar a las más altas cotas de refinamiento el material de raíz popular a través de un intrincado trabajo contrapuntístico. En esta pieza de orfebrería melódica, Stenhammer nos remite a las complejas tramas continuadas del Barroco tardío e, incluso, a las fugas corales renacentistas. En definitiva, una apuesta por la resurrección de viejas formas y el empleo de sonoridades arcaicas vinculadas al folklore como forma de reivindicar un sinfonismo propio alejado de las tendencias de juventud del autor.
Estas Luces del norte que hoy les propone la Orquesta de Extremadura iluminan un paisaje que no es un mero telón de fondo, sino un reflejo del pensamiento musical profundo de sus autores: en Sibelius hallarán ustedes naturaleza convertida en símbolo y estructura; en Saint-Saëns, un brillo romántico que baña el discurso sin desbordarlo; y en Stenhammar, una tradición heredada como arma en la búsqueda de una voz propia. Que disfruten de las vistas.
© Santiago Pavón
Violinista de la Orquesta de Extremadura y Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración. Es divulgador y presenta las charlas previas a los conciertos de la temporada de la Orquesta de Extremadura.
Interpretaciones anteriores
El Concierto para violonchelo y orquesta n.º 1 de Saint-Saëns cuenta con varias interpretaciones anteriores por la OEX. La primera fue el 17 de septiembre de 2004 en la Casa de la Cultura de Orellana, dirigido por Octavio Calleya, con la violonchelista Georgina Sánchez Torres como solista. Curiosamente, las tres últimas ocasiones fueron colaboraciones con conservatorios, el 7 y 8 de junio de 2019, la Orquesta de Extremadura se reforzó con la inclusión de 15 alumnos de la OSCAM (Orquesta Sinfónica de los Conservatorios de Almendralejo y Mérida), en sendos conciertos del ciclo de conciertos Philarmonía, en Mérida y Almendralejo; dirigía Luis Méndez y la solista fue Celia Ruiz Bermudo. Y el 20 de marzo de 2025 en el Palacio de Congresos de Badajoz, con la OEX dirigida por Juan Pablo Valencia, el solista fue el alumno del Conservatorio Superior de Música de Badajoz «Bonifacio Gil», Álvaro García Álvarez.
Julian Steckel
«Un músico que deja que las notas bailen en lugar de arremolinarse; un violonchelista excepcional que extrae de la música cosas que quizá ni siquiera los compositores sabían que estaban ahí».
Fono Forum.
Siempre dispuesto a ponerse completamente al servicio de la música y del público, el violonchelista Julian Steckel se adentra profundamente en la partitura para descubrir las conexiones internas y la fuerza que mantiene unida cada obra. Su energía proviene de una sencillez cultivada que permite una ejecución sin esfuerzo y una capacidad técnica aparentemente ilimitada. «Como intérprete confío cada vez más en mi paisaje interior y dejo entrar al público. Es una vulnerabilidad que, en última instancia, te hace más fuerte», afirma.
La carrera en solitario de Julian Steckel despegó tras ganar el Concurso Internacional de Música ARD en 2010. Desde entonces ha actuado con la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta Filarmónica de Múnich, la Orquesta Filarmónica Real, la Orquesta de París, la Orquesta Filarmónica de Róterdam, la Orquesta Filarmónica de Israel y la Orquesta Sinfónica Yomiuri Nippon de Tokio, trabajando con directores como Iván Fischer, Christoph Eschenbach, Sir Roger Norrington, Nicholas Collon, Fabien Gabel, John Storgårds, Lahav Shani, Gustavo Gimeno, Katharina Wincor y Daniele Rustioni.
La pasada temporada inauguró el Festival Dvořák de Praga junto a la Orquesta Sinfónica de Bamberg y Jakub Hrůša, y debutó con la Orquesta Filarmónica de Estocolmo bajo la batuta de Ruth Reinhardt. Otros hitos incluyeron el Concierto para violonchelo de Walton con Tianyi Lu en Leipzig; Don Quijote de Strauss con la Orquesta Sinfónica de Sapporo y Elias Grandy en Japón; así como numerosas actuaciones de música de cámara.
La música de cámara —una constante fuente de inspiración y la columna vertebral comunicativa de su quehacer musical— le ha reunido con artistas como Janine Jansen, Christian Tetzlaff, Veronika Eberle, Vilde Frang, Sharon Kam, Antoine Tamestit, Lars Vogt, Elisabeth Leonskaja, Paul Rivinius, Martin Helmchen, Timothy Ridout, y los cuartetos Modigliani, Armida y Ébène. Steckel comenzó también la presente temporada con un fuerte enfoque camerístico: como director artístico del Festival vielsaitig de Füssen, presentó un programa multifacético en una ciudad reconocida históricamente por su tradición en la fabricación de laúdes y violines. Actuaciones con partners como Carolin Widmann, Paul Meyer, Nils Mönkemeyer y Amihai Grosz lo llevaron a la Alte Oper Frankfurt y a una gira por Japón.
La actual temporada continuó con conciertos junto a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt bajo la dirección de Tabita Berglund, interpretando el Concierto para violonchelo n.º 1 de Shostakóvich, y con un proyecto solista monumental: la interpretación integral de las suites para violonchelo solo de Bach en Shanghái y Pekín. Inicia 2026 con un concierto junto al Cuarteto Leonkoro en el Muziekgebouw de Ámsterdam, antes de regresar al Musikverein de Viena y al Festspielhaus de Sankt Pölten para interpretar el Concierto para violonchelo de Dvořák con la Orquesta Tonkünstler y Tomáš Netopil, obra que también presentará esta temporada con la Orquesta Sinfónica de Dallas bajo la dirección de Ana María Patiño-Osorio. Además, podrá escucharse con Saint-Saëns en la Orquesta de Extremadura y debutará en Haydn junto a la Orquesta Sinfónica de Bournemouth. Interpretará también el Concierto para violonchelo y orquesta de viento de Gulda con la Orquesta Sinfónica de Quebec, donde ha sido un invitado habitual en las últimas temporadas.
La discografía de Julian Steckel incluye varias grabaciones de dúo con el pianista Paul Rivinius, con obras de Mendelssohn, sonatas francesas para violonchelo, Rajmáninov y Prokófiev; y, junto a Antje Weithaas, las sonatas de Kodály. Su disco con los conciertos para violonchelo de Korngold, Bloch y Goldschmidt, grabado con la Filarmonía Renana bajo la dirección de Daniel Raiskin, recibió el premio ECHO Klassik. También ha registrado los conciertos para violonchelo de C. P. E. Bach con la Orquesta de Cámara de Stuttgart dirigida por Susanne von Gutzeit.
Estudió con Ulrich Voss, Gustav Rivinius, Boris Pergamenschikow, Heinrich Schiff y Antje Weithaas. «Mi primer profesor convirtió la ligereza y la sencillez en los principios centrales del arte de tocar. Escúchate, planifica lo que haces y hazlo bien a la primera. A ese descubrimiento le debo todo», explica Julian Steckel. Hoy transmite esa filosofía a las nuevas generaciones como profesor de violonchelo en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Múnich.
Izabelė Jankauskaitė
Izabelė Jankauskaitė es una de las directoras más prometedoras de su generación. A sus 27 años, la directora lituana impresiona por su inspiradora presencia en el podio, su precisa técnica de ensayo y su sorprendente versatilidad estilística.
Su voz artística es cada vez más reconocida en la escena internacional, lo que se refleja en su creciente presencia en los escenarios europeos.
Jankauskaitė llamó la atención por primera vez en 2022, cuando ganó el prestigioso Premio Neeme Järvi en la Academia de Dirección de Gstaad. Desde entonces, ha actuado regularmente con orquestas de renombre.
En la temporada 2024/25 fue directora asistente de la Sinfónica de la Radio de Fráncfort, trabajando en estrecha colaboración con el director titular Alain Altinoglu. De agosto de 2022 a junio de 2023, ocupó el mismo cargo en la Orquesta Tonhalle de Zúrich bajo la dirección de Paavo Järvi.
En la temporada 2025/26, Izabelė Jankauskaitė regresa a la Filarmónica Real de Estocolmo, la Orquesta Sinfónica de Múnich y la Orquesta de Extremadura. Entre los momentos más destacados de la temporada se encuentran sus debuts en Finlandia con la Filarmónica de Helsinki, la Tapiola Sinfonietta y la Orquesta de Cámara de Laponia, así como su primera aparición en el Reino Unido con la Real Sinfónica del Norte.
Otros compromisos la llevarán a las orquestas sinfónicas de Malmö y Aalborg, la Filarmónica de la Alemania Noroccidental en Herford, la Filarmónica de Jena, la Filarmónica Janáček de Ostrava y la Sinfonietta de Zug.
También participa en diversos formatos de conciertos familiares con la Orquesta de Cámara de París, la Filarmónica de Luxemburgo, la Orquesta Sinfónica de Amberes y la Orquesta Filarmónica de los Países Bajos. En junio de 2026 debutará con la Filarmónica de Copenhague en el marco del Festival Tivoli Summer Classics.
Izabelė Jankauskaitė ha asistido a numerosas clases magistrales con directores como Jaap van Zweden, Kristjan Järvi, Baldur Brönnimann, Paavo Järvi, Leonid Grin y James Lowe. En junio de 2023 fue asistente de Michael Tilson Thomas con la Orquesta Tonhalle de Zúrich. Ha trabajado con la Orquesta de Cámara de Basilea, la Filarmónica de Argovia, la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, la Orquesta Tonkünstler de Baja Austria, la Orquesta Sinfónica de la MDR, la Orquesta Estatal de Darmstadt, la Orquesta Filarmónica de Heidelberg, la Orquesta Sinfónica de Múnich, la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo, la Orquesta Sinfónica de Sonderjylland y la Orquesta Gulbenkian. Otras invitaciones la han llevado a la Orquesta de Cámara de Lausana, la Orquesta de Cámara Folkwang de Essen, la Orquesta de Extremadura, la Orquesta Estatal de Atenas y la Filarmónica Banatul de Timișoara.
En otoño de 2023 asistió a Nicholas Carter en una producción de Tosca de Puccini en el Stadttheater Bern. En 2017 ganó el primer premio en el Concurso Jonas Aleksa de Dirección Coral. De 2019 a 2022 fue directora del coro Johannes Choir Mellingen y del Stadtsänger Winterthur.
Izabelė Jankauskaitė nació en Vilna, Lituania. Recibió su primera formación musical en la Escuela Nacional de Arte M. K. Čiurlionis y posteriormente estudió canto en la Academia Lituana de Música y Teatro. En 2018 continuó sus estudios en la Universidad de las Artes de Zúrich, especializándose inicialmente en dirección coral. En 2020 ingresó en la clase de dirección orquestal del profesor Johannes Schlaefli. Actualmente estudia dirección orquestal en Zúrich con Johannes Schlaefli y Christoph-Mathias Mueller.
