Notas al programa
Mijaíl Glinka. Kamárinskaya (1848)
«Toda la escuela sinfónica rusa está contenida en Kamárinskaya, como todo el roble está en la bellota». Con esta imagen célebre, Piotr Ilich Chaikovski señalaba el punto de partida simbólico de una tradición musical que, en apenas unas décadas, transformaría profundamente el panorama sinfónico europeo. Tal afirmación respondía indirectamente a una sentencia escéptica pronunciada por Anton Rubinstein, quien sostenía que el folclore ruso, con su carácter repetitivo y su estructura aparentemente estática, difícilmente podría convertirse en base para un desarrollo sinfónico de gran escala. La cuestión, para Chaikovski y, por supuesto, para los más fervientes partidarios del movimiento nacionalista musical en torno al Grupo de los Cinco, era si el despliegue de grandes formas, discursos extensos y arquitecturas sinfónicas de largo aliento sólo era posible dentro de los estrictos moldes estructurales centroeuropeos. Tal vez una materia prima diferente, como las melodías y esquemas rítmicos del folclore ruso, requería un método de elaboración distinto al de los grandes maestros de la escuela germánica. Compuesta en 1848, Kamárinskaya parecía proporcionar las ideas germinales para esa nueva metodología. Su propuesta era simple: alternancia de dos ideas, una melodía nupcial lenta, “Iz-za gor” (De más allá de las montañas) y una danza ágil de cuyo nombre tomaba el título la obra. Frente al ideal sinfónico centroeuropeo, basado en el desarrollo temático, Mijaíl Glinka proponía una lógica distinta, más cercana a la reiteración ritual, a la danza y a la oralidad. La insistencia obstinada sobre células rítmico-melódicas que generan forma por acumulación y transformación interna, como una imagen recurrente en primer plano que aparece en cada ocasión con un escenario de fondo distinto, a base de imaginativos cambios en el timbre orquestal, la armonía o el contrapunto que la envuelven. En esa tensión entre lo estático y lo dinámico, entre lo popular y lo sinfónico, se encuentra ya contenida —como en la bellota— la futura identidad de toda una escuela.
Nino Rota. Concierto para trombón y orquesta en do mayor (1966)
Antes de continuar con el legado musical heredero de Kamárinskaya, la OEX se permite en este programa un excurso distante (o quizás no tanto) con el Concierto para trombón (1966) de Nino Rota. Dedicada al trombonista Bruno Ferrari, la obra despliega una poética deliberadamente ajena a los grandes conflictos del sinfonismo centroeuropeo, articulando un discurso basado en una sucesión de situaciones contrastantes, casi escenas, sostenidas por una orquesta de perfiles ligeros e impulso neoclásico que no confronta al solista, sino que lo enmarca. El esquema tripartito tradicional —rápido, lento, rápido— funciona aquí más como referencia que como molde, permitiendo al compositor jugar con la inmediatez del gesto y la nitidez de las ideas. Desde la entrada inicial, de contornos algo abruptos, el trombón se presenta como un personaje de perfil versátil y cambiante, a ratos irónico, pero con la capacidad de transitar con naturalidad entre lo lírico y lo burlesco. El movimiento central, con su pulso contenido y sus inflexiones casi danzables, introduce una melancolía apenas velada, mientras que el final recupera un impulso ligero, despreocupado, que parece desafiar las expectativas de gravedad asociadas a cierto repertorio concertante del siglo XX.
Sin embargo, bajo esta apariencia ligera tan alejada en un primer vistazo de la raíz eslava que impregna el programa, late una inesperada red de afinidades que nos provee de un enlace sutil y nos demuestra cómo las ramas de la influencia estética y creadora vencen sin esfuerzo las fronteras de naciones y culturas. En una entrevista de 1971, al ser interpelado sobre sus gustos y referencias musicales, el propio Rota reconocía su admiración por Serguéi Prokófiev y por los grandes autores rusos del siglo XIX, en particular Modest Músorgski, cuya música le fascinó desde niño. El maestro recordaba en la conversación el profundo impacto que le había producido Boris Godunov dirigido por Arturo Toscanini en La Scala. En tal constelación estética no resulta difícil intuir también la huella literaria de León Tolstói y su Guerra y paz. Y es que, aunque desde coordenadas distantes, la obra de Rota que nos ocupa se construye a partir de materiales reconocibles, de gestos inmediatos, de una expresividad directa que rehúye la elaboración abstracta sin renunciar por ello a su capacidad de evocación. Entre la bellota fundacional de Glinka con la que se abría la velada y la expansión del roble, la voz de Rota se revela menos ajena de lo que pudiera parecer: no tanto como una continuidad lineal, sino como eco distante y transformado que resuena en complicidad.
Vasili Kalínnikov. Sinfonía n.º 1 en sol menor (1884-1885)
La segunda parte del concierto nos devuelve al árbol sinfónico ruso en pleno crecimiento con la Sinfonía n.º 1 en sol menor de Vasily Kalínnikov, compuesta en la década de 1890. La figura de Kalínnikov ocupa un lugar singular dentro de esta tradición. Nacido en un entorno humilde y marcado por problemas de salud que limitaron su carrera, el compositor recibió, sin embargo, el apoyo decisivo de Chaikovski, quien lo recomendó para el puesto de director en el Teatro Malïy de Moscú.
La Primera Sinfonía constituye la obra central de su catálogo y uno de los testimonios más elocuentes del sinfonismo ruso de finales del siglo XIX. Desde sus primeros compases se percibe la integración natural de elementos melódicos cercanos al folclore dentro de una arquitectura formal heredada de la tradición europea. El tema inicial, de amplio aliento cantábile, se despliega con una espontaneidad que recuerda la viveza melódica de Chaikovski y al lirismo teatral de la canción popular rusa. El movimiento lento introduce un clima contemplativo, sostenido por largas líneas melódicas y una orquestación transparente que permite respirar al discurso. El scherzo aporta contraste rítmico y ligereza danzante, mientras que el final recupera referencias melódicas del comienzo ensanchando su energía expansiva y cerrando la obra con un impulso afirmativo que parece sintetizar el influjo de su tradición.
Si Kamárinskaya había mostrado que el folclore podía convertirse en materia sinfónica, la obra de Kalínnikov demuestra hasta qué punto esa intuición inicial había fructificado. La bellota de Glinka se había transformado en un árbol robusto, capaz de sostener múltiples voces y estilos dentro de un mismo paisaje musical. En el contexto de esta temporada llamada Impronta, dedicada a explorar los surcos que la creación artística deja en la historia y sus gentes, este programa sugiere precisamente una idea de continuidad orgánica. Las obras de la invención humana no surgen aisladas, sino que crecen unas a partir de otras, como ramas de un mismo tronco creativo. Entre la célula inicial y la forma desplegada media no solo el tiempo, sino una cadena de decisiones estéticas, de apropiaciones y relecturas. Como en la imagen del roble, cada nueva obra no anula la semilla primigenia, sino que la contiene de otro modo: la hace crecer, la expande y proyecta hacia horizontes a menudo impredecibles.
© Santiago Pavón
Violinista de la Orquesta de Extremadura y Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración. Es divulgador y presenta las charlas previas a los conciertos de la temporada de la Orquesta de Extremadura.
Interpretaciones anteriores
El Concierto para trombón y orquesta de Nino Rota solo se ha interpretado una vez, fue el 23 de noviembre de 2023 en el marco de la XLIV Semana Musical de Santa Cecilia, en un concierto en el que fueron protagonistas los solistas alumnos del Conservatorio Profesional de Música “Juan Vázquez”, con Juan Pablo Valencia Heredia a la batuta y el joven alumno David Castillo Martínez como solista.
Fabrice Millischer
Tras ganar el primer premio en el Concurso Internacional de Música ARD, Fabrice Millischer es reconocido como uno de los trombonistas contemporáneos más talentosos de Europa. A sus 38 años, es el primer ganador de este exigente concurso en la categoría de trombón. Es muy conocido no solo entre los músicos profesionales, sino también entre los aficionados a la música clásica en general.
Millischer comenzó su educación musical en el Conservatorio de Toulouse. Expuesto a la música desde su infancia, su amor por la música comenzó con el piano, pasó al violonchelo y finalmente al trombón. Estudió ambos instrumentos en el Conservatorio de Toulouse y obtuvo las mejores calificaciones en sus exámenes de graduación. Aún indeciso entre el violonchelo y el trombón, ingresó en el CNSMD de Lyon, donde tomó clases magistrales de trombón con Michel Becquet y Alain Manfrin, y de sacabuche con Daniel Lassalle. Al mismo tiempo, continuó su formación en violonchelo en el CNSMD de París, con Philippe Muller, Roland Pidoux y Xavier Phillips como profesores.
En 2020 formó el Millischer Trombone Quartet con Kris Garfitt, Roberto de la Guia y Pierre Campenon. Este cuarteto de trombones dedicó su trabajo al desarrollo del trombón desde el periodo barroco hasta la actualidad.
Fabrice Millischer realiza giras con frecuencia con grupos barrocos tan reconocidos como Le Concert des Nations, bajo la dirección de Jordi Savall; Les Sacqueboutiers, dirigido por Daniel Lassalle y Jean-Pierre Canihac; y Insula Orchestra, de Laurence Equilbey.
Como solista muy solicitado, ha sido invitado a tocar con la Orquesta de Cámara de Viena, la Orquesta Sinfónica BR de Múnich, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart, la Orquesta Filarmónica de Baden-Baden, la Orquesta Filarmónica de Friburgo, la Orquesta Filarmónica del Suroeste de Constanza, la Orquesta Sinfónica de Augsburgo, la Orquesta de Cámara de Colonia, la Orquesta Filarmónica de Cámara de Baviera, la Sinfonietta de Hong Kong, la Orquesta Sinfónica de Osaka, la Orquesta Estatal del Hermitage de San Petersburgo, la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse, la Orquesta Sinfónica de Cannes y la Orquesta Nacional de Ucrania. En sus giras, Millischer ha visitado Washington, Pekín, Tokio, Seúl, Múnich, Ginebra, Madrid, Berlín, Oporto, entre otras ciudades, y ha participado en festivales dedicados a los instrumentos de metal como el Eastern Trombone Workshop, Epsival, Cuivres en Dombes, Limoux Brass Festival, Surgères Brass Festival, Samedan Brass Week, Lieksa Brass Week, Lille Trombone Festival, Isla Verde Festival, Slider Asia Festival, Italian Brass Week, entre otros.
Entre 2008 y 2013, Fabrice Millischer fue trombonista solista de la Orquesta Filarmónica de la Radio Alemana de Saarbrücken/Kaiserslautern.
Muy interesado en la música de nuestro tiempo, ha contribuido a la creación de numerosas obras para trombón. Muchas piezas contemporáneas han sido compuestas y dedicadas a él: Concierto para trombón y conjunto de metales de Jean Guillou, Concierto para trombón y orquesta de Patrick Burgan (conocido como La chute de Lucifer), Libretto de Étienne Perruchon y FM Qoncerto de Steven Verhelst.
Además de ganar el primer premio en el Concurso Internacional de Música ARD de Múnich, también ha sido laureado en otros concursos internacionales de trombón: Budapest (2005) y el Concurso de Sacqueboute en Toulouse (2006). Desde 2009 participa activamente en el programa Déclic de la AFAA (Association française d’action artistique), que promueve a jóvenes talentos. También en 2009 fue galardonado con la Medalla de Plata de la Academia de las Artes y las Letras.
En 2011, Millischer se convirtió en el primer trombonista en recibir el primer premio en la categoría Revelación solista instrumental de los Victoires de la Musique Classique. Ese mismo año, fue reconocido por la prestigiosa Académie Charles-Cros con su gran premio.
A pesar de su juventud, Fabrice Millischer es un profesor de trombón muy solicitado. En 2008 impartió clases en el Conservatorio Paul Dukas de París y en 2009 se convirtió en profesor de trombón en la Hochschule für Musik Saar, lo que lo convirtió en el profesor de trombón más joven de Alemania. Además, es invitado regularmente a impartir clases magistrales en Francia, Europa y otras partes del mundo: Washington, México, São Paulo, Tokio, Hong Kong, Pekín, Seúl, Almaty…
Actualmente es profesor de trombón en la Hochschule für Musik Freiburg y en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París.
Fabrice Millischer colabora actualmente con Antoine Courtois Paris y toca el trombón Creation Paris AC 422B.
Valentin Uryupin
Es un músico excepcional que, antes de convertirse en un exitoso director de orquesta, ganó más de 20 concursos internacionales como clarinetista, actuando en escenarios de todo el mundo. Esta temporada, además de varios debuts destacados, ha recibido numerosas invitaciones para regresar a importantes instituciones, entre ellas la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena (ORF), la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin —donde debutó en una producción de CDD para Sony Classical— y el Teatro Regio de Turín, donde dirigirá una nueva producción de La dama de picas de Tchaikovsky. También hará su primera aparición en la temporada regular con la Orquesta Filarmónica de Róterdam, tras una exitosa sustitución en la primavera de 2024.
Entre sus debuts más relevantes esta temporada se encuentran actuaciones con la Orquesta de Cámara de Europa, dirigiendo conciertos junto a la violonchelista Julia Hagen en Amberes y Gante, así como en la Ópera Estatal de Berlín (Carmen) y en la Ópera Estatal de Baviera (Dido y Eneas de Purcell y Erwartung de Schönberg). Ha desarrollado una estrecha colaboración con la Ópera de Fráncfort, donde regresará para dirigir una nueva producción de La hechicera de Tchaikovsky, tras el éxito obtenido con Edipo Rey y Jolanthe.
Como director invitado, ha trabajado con destacadas orquestas como la Orquesta Sinfónica de Viena, la Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, la Orquesta Filarmónica de los Países Bajos, la Nueva Filarmónica de Japón, la Tapiola Sinfonietta, la SWR Symphonieorchester, la Orchestra della Toscana, la Orquesta Filarmónica del Teatro Comunale de Bolonia, la Filarmónica de la Radio Alemana de Saarbrücken Kaiserslautern, la Orquesta Gulbenkian, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga, la Filarmónica Janáček de Ostrava, la Orquesta Filarmónica de Belgrado, la Orquesta Filarmónica George Enescu, la Orquesta de Cámara de Lausana y la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca.
En el ámbito operístico, ha dirigido producciones aclamadas en la Ópera Estatal de Stuttgart, el Nuevo Teatro Nacional de Tokio, la Ópera Estatal de Hannover, el Teatro de Núremberg y el Festival de Bregenz —incluyendo Eugene Onegin (2021) y Siberia (2022)—, además de ser invitado habitual del Tiroler Festspiele Erl. Ha colaborado con solistas de renombre como Patricia Kopatchinskaja, Lars Vogt, Thomas Hampson, Bryn Terfel, Barbara Hannigan, Pepe Romero, Asmik Grigorian, Vadim Gluzman, Vadim Repin, Yuri Bashmet, Denis Matsuev, Nikolai Lugansky, Sergey Khachatryan y Marc-André Hamelin. Su repertorio abarca desde Haydn y Zelenka hasta compositores contemporáneos como Thomas Adès, Jörg Widmann y Kaija Saariaho.
En otoño de 2021, fue nombrado director titular y artístico de la Ópera Novaya de Moscú, donde presentó producciones destacadas como Die tote Stadt de Korngold y Cendrillon de Massenet, antes de dimitir. Entre 2015 y 2021, fue director artístico de la Orquesta Sinfónica de Rostov, a la que elevó al rango de una de las agrupaciones más prestigiosas de Rusia. También ha sido invitado habitual de las principales orquestas rusas, como la Orquesta Sinfónica Académica Estatal «Evgeny Svetlanov», la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, la Orquesta Mariinsky, la Orquesta Filarmónica de los Urales y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Rusia, con la que actuó en el Festival de Lucerna en 2021. Durante varios años, colaboró estrechamente con la Orquesta MusicAeterna en la Ópera de Perm.
Nacido en Losova, Ucrania, en 1985, Valentin Uryupin se dio a conocer como clarinetista, ganando más de 20 concursos internacionales antes de consolidarse como director. Fue ganador del VIII Concurso Internacional de Dirección Sir Georg Solti en 2017 y completó sus estudios de clarinete y dirección en el Conservatorio Estatal de Moscú. Entre sus maestros figuran Gennadi Roschdestwenski y el clarinetista Evgeny Petrov; también fue asistente de Valery Gergiev, Teodor Currentzis y Vladimir Jurowski, y recibió una influencia decisiva de Kurt Masur en su última clase magistral. Actualmente, su carrera se divide equitativamente entre la ópera y la música sinfónica, y ocasionalmente actúa como solista y director.
