Sinfónico 08

Sinfónico 08 con Juan Manuel Cañizares © Amancio Guillén

1.

Juan Manuel Cañizares. Al Andalus, concierto flamenco para guitarra, a la memoria de Paco de Lucía (2016) *

Juan Manuel Cañizares, guitarra

2.

Béla Bartók. Concierto para orquesta (1943)
Introduzione
Giuoco delle copie
Elegia
Intermezzo
Finale

Roberto Forés, director

* Primera audición por la Orquesta de Extremadura

Creando desde la crisis, creando desde el desgarro

La crisis y el desgarro, como contextos de la creación musical, condicionarán el concierto núm. 8 a través de Al Andalus, una obra de Juan Manuel Cañizares dedicada a Paco de Lucía, y del Concierto para orquesta de Bartók, creado en su exilio americano en plena Segunda Guerra Mundial.

Notas al programa

La nostalgia es etimológicamente el dolor de un regreso, de un retorno que no se da y que justamente por eso causa dolor. Desgarro y crisis son conceptos ligados íntimamente a la nostalgia, que se puede sentir no solo por el tiempo pasado, sino también por la patria lejana y por las personas que no están (y, sobre todo, que por las que ya no estarán) con nosotros. Estas emociones impregnan las dos obras de este programa, si bien con un dramatismo diferente, y a escalas que sería injusto comparar. Juan Manuel Cañizares añora a su maestro y mentor, el mítico guitarrista Paco de Lucía, y por eso le dedica un concierto para guitarra que en cierto modo es un réquiem muy personal; Béla Bartók, tres años después de huir de la Europa nazi, recibe un encargo y compone una de sus últimas obras, en la que no solo realizará una especie de recapitulación de su trayectoria, sino que también dejará cifrados en ella el dolor del exilio y la añoranza de su país. Dos formas de crisis, la personal y la colectiva, recogidas en dos obras muy diferentes y muy lejanas entre sí.

Juan Manuel Cañizares (1966) era un muchacho de solo 13 años cuando tocó para Paco de Lucía en el camerino de éste. Al gran mito de la guitarra flamenca le gustó, y conminó al jovencito a formarse y a volver unos años más tarde. Así lo hizo, y aquello se convirtió en una colaboración entre ambos que se prolongaría durante una década. Pero la muerte se llevó a Paco de Lucía en 2014, y Cañizares se quedó sin su gran amigo. Fruto de esa ausencia es Al Andalus, concierto flamenco para guitarra, a la memoria de Paco de Lucía, una obra en la que se enfrenta a la complejidad del mundo clásico sin renunciar a sus orígenes flamencos. “Es un concierto que está impregnado del dolor que sentí cuando, de sopetón, me enteré de su pérdida”, señaló el autor en una entrevista. El nombre de la obra hace referencia a las raíces con las que se identificaba el guitarrista de Algeciras, ese espacio cultural que incluye su Andalucía natal y el norte de África (de joven, Paco de Lucía escuchaba apasionadamente música árabe en las emisoras marroquíes que podía sintonizar). La obra se estrenó en 2016, y en lo referente a la instrumentación Cañizares contó con la ayuda de Joan Albert Amargós. Cañizares es consciente de que en la guitarra no hay clásicos sin flamenco, ni flamenco sin conocer bien a los clásicos, y en esta obra, para conseguir el ensamblaje con la orquesta sinfónica ha sacrificado una parte de la complicidad, del “duende” y de la libertad que se genera en el flamenco entre cuatro o cinco intérpretes. El resultado es una pieza en la que adivinamos la presencia de tanguillos, bulerías y tientos, y que entronca con naturalidad en la tradición de Falla y Rodrigo. Los pasajes más directamente relacionados con la memoria del homenajeado son, sin duda, la cadencia del solista y la sección en la que describe el entierro del maestro. Tal como recordaba Cañizares: “Acompañé el féretro hasta la iglesia, era un día triste y llovía. Al salir del funeral el sol nos iluminaba el camino. Seguíamos con el ataúd pero era como si Paco, mi Paco, nos estuviera diciendo que la vida seguía”. Y puede afirmarse que mucho de eso ha quedado recogido en esta música.

En 1940, la Hungría del almirante Horty se unió a las potencias del Eje. Aquello impulsó a Béla Bartók a huir a los Estados Unidos, y durante los tres años siguientes solo escribió la Suite para dos pianos, es decir, casi nada. Su labor docente apenas daba para financiar sus investigaciones sobre la música popular de Asia Menor, y su salud empezaba a flaquear y a impedirle dar conciertos. En aquella situación de penuria le llegó providencialmente un encargo inesperado: el director de la Sinfónica de Boston, Serge Koussevitzky, se presentó en el hospital y le propuso un fondo de 1.000 dólares para la creación de una obra de gran formato. Bartók pensó primero en una obra coral, pero finalmente quedó establecido que seria instrumental. Según parece, el compositor húngaro tuvo en cuenta obras como el Concierto para orquesta de Hindemith (1925), el Concierto para pequeña orquesta de Roussel (1926-1927), el Dumbarton Oaks de Stravinski (1938) y, sobre todo, el Concierto para orquesta de su amigo y compatriota Kodály (1939-1940), cuya partitura llevaba en su equipaje para entregarla a la Chicago Philharmonic Society. El resultado de aquel compromiso fue el Concierto para orquesta, tal vez la más popular de sus obras y la más interpretada. El autor moriría dos años después de acabarla. El Concierto pone en juego sobre todo dos procedimientos: el uso de material popular (fuentes serbo-croatas, húngaras, rumanas, balinesas) y la oposición concertante de familias y subfamilias orquestales. El primer aspecto es habitual en Bartók, mientras que el segundo nos remite a la tradición barroca del concerto grosso. El primer movimiento comienza con una figuración en la cuerda grave que es, ni más ni menos, una reminiscencia de la única ópera de Bartók, El castillo de Barbazul. Es una alusión amarga a los años de juventud, y una primera muestra de nostalgia, sutil pero muy sentida. La música oscila entre afirmaciones asertivas de un cierto dramatismo y melodías melancólicas, en especial a cargo de la madera. Resulta fascinante el equilibrio entre las familias orquestales, que no cesan de plantear juegos de pregunta y respuesta. El segundo movimiento, “Juego de las parejas”, hace honor a su nombre y presenta una sucesión de dúos de instrumentos (dos fagotes, dos oboes, dos clarinetes, dos flautas, dos trompetas) en movimiento paralelo separados por intervalos fijos. Es un portento de ironía, sutileza y una gracia delicadísima. El centro de la obra lo ocupa la impresionante Elegía, cuyo nombre ya lo dice todo, y que Bartók inicia de nuevo con una alusión a Barbazul. Este movimiento, lleno de amargura y de dolor, está a medio camino entre la alternancia de intervenciones propia del estilo concertante y la declamación característica de los recitativos. El cuarto movimiento, “Intermedio interrumpido” pasa de la ironía al sarcasmo: la interrupción consiste en una burla mordaz del tema de la marcha de la Séptima sinfonía  de Shostakóvich. Cierra la obra un Presto complejísimo que se abre una fanfarria alpina tras la cual empieza un poderoso híbrido entre perpetuum mobile, pieza contrapuntística (fugato) y suite de temas populares, que a través de un crescendo desemboca en un estupendo derroche de energía y vitalismo. Lo cual, en las circunstancias en las que se hallaba Bartók cuando lo compuso, no es precisamente poco mérito, como contrapeso a la nostalgia y al dolor.

© Guillem Calaforra

Guillem Calaforra es doctor en lingüística por la Universidad Jaguelónica de Cracovia, especialista en sociología del lenguaje y análisis crítico del discurso. Realizó estudios de violín en el Conservatorio Profesional de Música de Valencia. Creó las primeras páginas web españolas sobre Bruckner y sobre Webern, ha traducido varios textos relacionados con obras musicales y es autor de un libro de ensayos sobre música (So i silenci. Barcelona, Riurau, 2010).


Juan Manuel Cañizares, guitarrista y compositor

Guitarrista y compositor, Cañizares es, sin duda, uno de los artistas flamencos más importantes e influyentes en todo el mundo, pero se encuentra igual de cómodo con el repertorio clásico y con sus propias composiciones.

Con una carrera que abarca más de cuatro décadas, Cañizares es el primer y único guitarrista flamenco invitado por la Filarmónica de Berlín junto a la que interpretó el Concierto de Aranjuez bajo la batuta de Sir Simon Rattle en el Teatro Real de Madrid. Ha colaborado con los principales orquestas del mundo, entre ellos destacan: Staatskapelle Dresden, Orquesta Sinfónica de NHK, Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, Orquesta y Coro Nacionales de España, Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya etc..

Ganador del prestigioso Premio Nacional de Guitarra (1982), Premio de la Música (2008), y Flamenco Hoy (2000, 2011 y 2013), Cañizares mantuvo una estrecha relación con Paco de Lucía durante diez años, así como con numerosos grandes artistas y creadores como Enrique Morente, Camarón de la Isla, Serrat, Alejandro Sanz, John Paul Jones, Peter Gabriel, Mauricio Sotelo y Leo Brouwer, entre otros.

El catálogo de Cañizares como compositor abarca obras para el Ballet Nacional de España y bandas sonoras para películas como “La Lola se va a los Puertos” (con Rocío Jurado y Paco Rabal), y “Flamenco” (1996) y “La Jota” (2016) de Carlos Saura. Ha colaborado en más de 100 álbumes y como artista en solitario ha publicado 13 discos propios.

Por su especial relevancia, cabe destacar el estreno absoluto en el Auditorio Nacional de Madrid de su Concierto Flamenco «Al-Andalus», para guitarra y orquesta, a la memoria de Paco de Lucía. Encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España, en 2016 Cañizares presentó su nueva obra arropado por la propia OCNE y bajo la dirección del maestro Josep Pons. “El público se lo agradeció con un notable éxito”, escribe en su crónica del concierto el reconocido compositor y crítico Tomás Marco.

Paralelamente a su carrera como intérprete, Cañizares dedica una gran parte de su tiempo a la investigación y a la enseñanza del flamenco. Es profesor de guitarra flamenca en la prestigiosa Escola Superior de Música de Cataluña (ESMUC) desde 2003 e imparte numerosas clases magistrales en España y en el extranjero.

Sus compromisos más destacados recientes y futuros incluyen la participación en la ópera El Público de Mauricio Sotelo en el Teatro Real de Madrid, y actuaciones en el Palau de la Música Catalana, Auditorium de Milán, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festivales de Radio France de Montpellier, y La Folle Journée.

Roberto Forés, director

Sinfónico 08. Roberto Forés © Jean Baptiste Millot

En 2012, Roberto Forés Veses fue nombrado director titular y artístico de la Orquesta de Auvergne, que ha viajado con éxito en Japón —con Naoko Yoshino (arpa)— y Brasil.

Nacido en Valencia, Roberto Forés Veses estudió dirección orquestal en la Accademia Musicale Pescarese y en la Academia Sibelius de Helsinki, donde recibió su Maestría en Leif Segerstam. En 2006, ganó el Orvieto Conducting Competition (Italia) con un premio especial del jurado. En 2007, fue también uno de los ganadores de la Evgeny Svetlanov Conducting Competition en Luxemburgo.

Es un director muy versátil, dedicado tanto al repertorio sinfónico como al repertorio operístico. En 2008 hizo su debut en el Teatro Regio de Torino dirigiendo Salome y Elisir d’amore, y en el Bolshoi con Macbeth. En los años siguientes dirigió varias óperas francesas: Il viaggio a Reims y Don Pasquale, La Cenerentola, Lakmé, Die Zauberflöte, L’italiana en Algeri, El Barbero de Sevilla. También dirigió Cosi fan tutte, La Finta Giardiniera y La Bohème, en Avignon, Vichy, Helsinki, Rouen, Orvietto… Recientemente dirigió el estreno mundial de B.R. Earl’s La regina de los capellos de oro en el Festival de Stresa (Italia).

Forés ha dirigido numerosas orquestas como la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, la Orquesta Filarmónica de Praga, la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, la Orquesta Sinfónica de la Casa de la Música, la Orquesta Nacional de Lyon, la Orquesta de Valencia, la Orquesta Filarmónica de Niza, Sinfonietta, Sinfonia Finlandia, Orquesta Sinfónica de Asturias, Orquesta Sinfónica de Moscú, Sinfónica de la Ciudad de Moscú – Orquesta Filarmónica Rusa, Orquesta del Centro de Artes Escénicas Hyogo , Orquesta de Padua y del Veneto…

Actúa con regularidad en numerosos festivales internacionales como La Folle Journée de Nantes y Tokio, La Chaise-Dieu, Clásicos de Murten, Festival de Stresa, Les Flâneries musicales de Reims, Festival de la Vézère, Festival de los Montes de la Madeleine, Festival de Polignac, Les Grandes Heures de Cluny, Festival Bach en Combrailles y Festival Berlioz.

Graba con regularidad el Aparté Record Label y Warner Classics. Las grabaciones recientes (2015) con la Orquesta de Auvergne incluyen álbumes con Romain Leleu y Naoko Yoshino.

Un nuevo álbum dedicado a la Serenata de Tchaikovsky y Voces Intimae de Sibelius también ha sido lanzado en Aparté Records. Sus proyectos incluyen, entre otros, tres álbumes monográficos dedicados a Beethoven, Alban Berg y Schreker.

En 2016-2017, está de gira con la Orquesta de Auvergne, en el Festival de La Folle Journée de Nantes, en el Museo de Inválidos de París, en América del Sur, en Estados Unidos y Japón.

Además, se presenta en Ruan con la Orquesta de la Ópera de Ruán y en Tokio con la Orquesta Sinfónica de la NHK.

Sus futuros proyectos en 2017-2018 incluyen producciones de Don Giovanni, Orfeo y Euridice y Die Entführung aus dem Serail en las óperas de Reims, Clermont-Ferrand, Vichy, Massy y Avignon. También dirigirá, además de a la Orquesta de Extremadura, a la Orquesta de Poitou-Charentes, la Orquesta de Valencia, la Orquesta de Cámara de Ginebra y de Lucerna, la Orquesta Filarmónica Ural y la Orquesta Petrobras Sinfónica de Río de Janeiro.

Temporada

8 marzo Badajoz
9 marzo Cáceres

Programa

J. M. Cañizares. Al Andalus
B. Bartók. Concierto para orquesta

Orquesta de Extremadura
Juan Manuel Cañizares
Roberto Forés

Notas al programa

La nostalgia es etimológicamente el dolor de un regreso, de un retorno que no se da y que justamente por eso causa dolor. Desgarro y crisis son conceptos ligados íntimamente a la nostalgia, que se puede sentir no solo por el tiempo pasado, sino también por la patria lejana y por las personas que no están (y, sobre todo, que por las que ya no estarán) con nosotros. Estas emociones impregnan las dos obras de este programa, si bien con un dramatismo diferente, y a escalas que sería injusto comparar. Juan Manuel Cañizares añora a su maestro y mentor, el mítico guitarrista Paco de Lucía, y por eso le dedica un concierto para guitarra que en cierto modo es un réquiem muy personal; Béla Bartók, tres años después de huir de la Europa nazi, recibe un encargo y compone una de sus últimas obras, en la que no solo realizará una especie de recapitulación de su trayectoria, sino que también dejará cifrados en ella el dolor del exilio y la añoranza de su país. Dos formas de crisis, la personal y la colectiva, recogidas en dos obras muy diferentes y muy lejanas entre sí.

Juan Manuel Cañizares (1966) era un muchacho de solo 13 años cuando tocó para Paco de Lucía en el camerino de éste. Al gran mito de la guitarra flamenca le gustó, y conminó al jovencito a formarse y a volver unos años más tarde. Así lo hizo, y aquello se convirtió en una colaboración entre ambos que se prolongaría durante una década. Pero la muerte se llevó a Paco de Lucía en 2014, y Cañizares se quedó sin su gran amigo. Fruto de esa ausencia es Al Andalus, concierto flamenco para guitarra, a la memoria de Paco de Lucía, una obra en la que se enfrenta a la complejidad del mundo clásico sin renunciar a sus orígenes flamencos. “Es un concierto que está impregnado del dolor que sentí cuando, de sopetón, me enteré de su pérdida”, señaló el autor en una entrevista. El nombre de la obra hace referencia a las raíces con las que se identificaba el guitarrista de Algeciras, ese espacio cultural que incluye su Andalucía natal y el norte de África (de joven, Paco de Lucía escuchaba apasionadamente música árabe en las emisoras marroquíes que podía sintonizar). La obra se estrenó en 2016, y en lo referente a la instrumentación Cañizares contó con la ayuda de Joan Albert Amargós. Cañizares es consciente de que en la guitarra no hay clásicos sin flamenco, ni flamenco sin conocer bien a los clásicos, y en esta obra, para conseguir el ensamblaje con la orquesta sinfónica ha sacrificado una parte de la complicidad, del “duende” y de la libertad que se genera en el flamenco entre cuatro o cinco intérpretes. El resultado es una pieza en la que adivinamos la presencia de tanguillos, bulerías y tientos, y que entronca con naturalidad en la tradición de Falla y Rodrigo. Los pasajes más directamente relacionados con la memoria del homenajeado son, sin duda, la cadencia del solista y la sección en la que describe el entierro del maestro. Tal como recordaba Cañizares: “Acompañé el féretro hasta la iglesia, era un día triste y llovía. Al salir del funeral el sol nos iluminaba el camino. Seguíamos con el ataúd pero era como si Paco, mi Paco, nos estuviera diciendo que la vida seguía”. Y puede afirmarse que mucho de eso ha quedado recogido en esta música.

En 1940, la Hungría del almirante Horty se unió a las potencias del Eje. Aquello impulsó a Béla Bartók a huir a los Estados Unidos, y durante los tres años siguientes solo escribió la Suite para dos pianos, es decir, casi nada. Su labor docente apenas daba para financiar sus investigaciones sobre la música popular de Asia Menor, y su salud empezaba a flaquear y a impedirle dar conciertos. En aquella situación de penuria le llegó providencialmente un encargo inesperado: el director de la Sinfónica de Boston, Serge Koussevitzky, se presentó en el hospital y le propuso un fondo de 1.000 dólares para la creación de una obra de gran formato. Bartók pensó primero en una obra coral, pero finalmente quedó establecido que seria instrumental. Según parece, el compositor húngaro tuvo en cuenta obras como el Concierto para orquesta de Hindemith (1925), el Concierto para pequeña orquesta de Roussel (1926-1927), el Dumbarton Oaks de Stravinski (1938) y, sobre todo, el Concierto para orquesta de su amigo y compatriota Kodály (1939-1940), cuya partitura llevaba en su equipaje para entregarla a la Chicago Philharmonic Society. El resultado de aquel compromiso fue el Concierto para orquesta, tal vez la más popular de sus obras y la más interpretada. El autor moriría dos años después de acabarla. El Concierto pone en juego sobre todo dos procedimientos: el uso de material popular (fuentes serbo-croatas, húngaras, rumanas, balinesas) y la oposición concertante de familias y subfamilias orquestales. El primer aspecto es habitual en Bartók, mientras que el segundo nos remite a la tradición barroca del concerto grosso. El primer movimiento comienza con una figuración en la cuerda grave que es, ni más ni menos, una reminiscencia de la única ópera de Bartók, El castillo de Barbazul. Es una alusión amarga a los años de juventud, y una primera muestra de nostalgia, sutil pero muy sentida. La música oscila entre afirmaciones asertivas de un cierto dramatismo y melodías melancólicas, en especial a cargo de la madera. Resulta fascinante el equilibrio entre las familias orquestales, que no cesan de plantear juegos de pregunta y respuesta. El segundo movimiento, “Juego de las parejas”, hace honor a su nombre y presenta una sucesión de dúos de instrumentos (dos fagotes, dos oboes, dos clarinetes, dos flautas, dos trompetas) en movimiento paralelo separados por intervalos fijos. Es un portento de ironía, sutileza y una gracia delicadísima. El centro de la obra lo ocupa la impresionante Elegía, cuyo nombre ya lo dice todo, y que Bartók inicia de nuevo con una alusión a Barbazul. Este movimiento, lleno de amargura y de dolor, está a medio camino entre la alternancia de intervenciones propia del estilo concertante y la declamación característica de los recitativos. El cuarto movimiento, “Intermedio interrumpido” pasa de la ironía al sarcasmo: la interrupción consiste en una burla mordaz del tema de la marcha de la Séptima sinfonía  de Shostakóvich. Cierra la obra un Presto complejísimo que se abre una fanfarria alpina tras la cual empieza un poderoso híbrido entre perpetuum mobile, pieza contrapuntística (fugato) y suite de temas populares, que a través de un crescendo desemboca en un estupendo derroche de energía y vitalismo. Lo cual, en las circunstancias en las que se hallaba Bartók cuando lo compuso, no es precisamente poco mérito, como contrapeso a la nostalgia y al dolor.

© Guillem Calaforra

Guillem Calaforra es doctor en lingüística por la Universidad Jaguelónica de Cracovia, especialista en sociología del lenguaje y análisis crítico del discurso. Realizó estudios de violín en el Conservatorio Profesional de Música de Valencia. Creó las primeras páginas web españolas sobre Bruckner y sobre Webern, ha traducido varios textos relacionados con obras musicales y es autor de un libro de ensayos sobre música (So i silenci. Barcelona, Riurau, 2010).


Juan Manuel Cañizares, guitarrista y compositor

Guitarrista y compositor, Cañizares es, sin duda, uno de los artistas flamencos más importantes e influyentes en todo el mundo, pero se encuentra igual de cómodo con el repertorio clásico y con sus propias composiciones.

Con una carrera que abarca más de cuatro décadas, Cañizares es el primer y único guitarrista flamenco invitado por la Filarmónica de Berlín junto a la que interpretó el Concierto de Aranjuez bajo la batuta de Sir Simon Rattle en el Teatro Real de Madrid. Ha colaborado con los principales orquestas del mundo, entre ellos destacan: Staatskapelle Dresden, Orquesta Sinfónica de NHK, Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, Orquesta y Coro Nacionales de España, Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya etc..

Ganador del prestigioso Premio Nacional de Guitarra (1982), Premio de la Música (2008), y Flamenco Hoy (2000, 2011 y 2013), Cañizares mantuvo una estrecha relación con Paco de Lucía durante diez años, así como con numerosos grandes artistas y creadores como Enrique Morente, Camarón de la Isla, Serrat, Alejandro Sanz, John Paul Jones, Peter Gabriel, Mauricio Sotelo y Leo Brouwer, entre otros.

El catálogo de Cañizares como compositor abarca obras para el Ballet Nacional de España y bandas sonoras para películas como “La Lola se va a los Puertos” (con Rocío Jurado y Paco Rabal), y “Flamenco” (1996) y “La Jota” (2016) de Carlos Saura. Ha colaborado en más de 100 álbumes y como artista en solitario ha publicado 13 discos propios.

Por su especial relevancia, cabe destacar el estreno absoluto en el Auditorio Nacional de Madrid de su Concierto Flamenco «Al-Andalus», para guitarra y orquesta, a la memoria de Paco de Lucía. Encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España, en 2016 Cañizares presentó su nueva obra arropado por la propia OCNE y bajo la dirección del maestro Josep Pons. “El público se lo agradeció con un notable éxito”, escribe en su crónica del concierto el reconocido compositor y crítico Tomás Marco.

Paralelamente a su carrera como intérprete, Cañizares dedica una gran parte de su tiempo a la investigación y a la enseñanza del flamenco. Es profesor de guitarra flamenca en la prestigiosa Escola Superior de Música de Cataluña (ESMUC) desde 2003 e imparte numerosas clases magistrales en España y en el extranjero.

Sus compromisos más destacados recientes y futuros incluyen la participación en la ópera El Público de Mauricio Sotelo en el Teatro Real de Madrid, y actuaciones en el Palau de la Música Catalana, Auditorium de Milán, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festivales de Radio France de Montpellier, y La Folle Journée.

Roberto Forés, director

Sinfónico 08. Roberto Forés © Jean Baptiste Millot

En 2012, Roberto Forés Veses fue nombrado director titular y artístico de la Orquesta de Auvergne, que ha viajado con éxito en Japón —con Naoko Yoshino (arpa)— y Brasil.

Nacido en Valencia, Roberto Forés Veses estudió dirección orquestal en la Accademia Musicale Pescarese y en la Academia Sibelius de Helsinki, donde recibió su Maestría en Leif Segerstam. En 2006, ganó el Orvieto Conducting Competition (Italia) con un premio especial del jurado. En 2007, fue también uno de los ganadores de la Evgeny Svetlanov Conducting Competition en Luxemburgo.

Es un director muy versátil, dedicado tanto al repertorio sinfónico como al repertorio operístico. En 2008 hizo su debut en el Teatro Regio de Torino dirigiendo Salome y Elisir d’amore, y en el Bolshoi con Macbeth. En los años siguientes dirigió varias óperas francesas: Il viaggio a Reims y Don Pasquale, La Cenerentola, Lakmé, Die Zauberflöte, L’italiana en Algeri, El Barbero de Sevilla. También dirigió Cosi fan tutte, La Finta Giardiniera y La Bohème, en Avignon, Vichy, Helsinki, Rouen, Orvietto… Recientemente dirigió el estreno mundial de B.R. Earl’s La regina de los capellos de oro en el Festival de Stresa (Italia).

Forés ha dirigido numerosas orquestas como la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, la Orquesta Filarmónica de Praga, la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, la Orquesta Sinfónica de la Casa de la Música, la Orquesta Nacional de Lyon, la Orquesta de Valencia, la Orquesta Filarmónica de Niza, Sinfonietta, Sinfonia Finlandia, Orquesta Sinfónica de Asturias, Orquesta Sinfónica de Moscú, Sinfónica de la Ciudad de Moscú – Orquesta Filarmónica Rusa, Orquesta del Centro de Artes Escénicas Hyogo , Orquesta de Padua y del Veneto…

Actúa con regularidad en numerosos festivales internacionales como La Folle Journée de Nantes y Tokio, La Chaise-Dieu, Clásicos de Murten, Festival de Stresa, Les Flâneries musicales de Reims, Festival de la Vézère, Festival de los Montes de la Madeleine, Festival de Polignac, Les Grandes Heures de Cluny, Festival Bach en Combrailles y Festival Berlioz.

Graba con regularidad el Aparté Record Label y Warner Classics. Las grabaciones recientes (2015) con la Orquesta de Auvergne incluyen álbumes con Romain Leleu y Naoko Yoshino.

Un nuevo álbum dedicado a la Serenata de Tchaikovsky y Voces Intimae de Sibelius también ha sido lanzado en Aparté Records. Sus proyectos incluyen, entre otros, tres álbumes monográficos dedicados a Beethoven, Alban Berg y Schreker.

En 2016-2017, está de gira con la Orquesta de Auvergne, en el Festival de La Folle Journée de Nantes, en el Museo de Inválidos de París, en América del Sur, en Estados Unidos y Japón.

Además, se presenta en Ruan con la Orquesta de la Ópera de Ruán y en Tokio con la Orquesta Sinfónica de la NHK.

Sus futuros proyectos en 2017-2018 incluyen producciones de Don Giovanni, Orfeo y Euridice y Die Entführung aus dem Serail en las óperas de Reims, Clermont-Ferrand, Vichy, Massy y Avignon. También dirigirá, además de a la Orquesta de Extremadura, a la Orquesta de Poitou-Charentes, la Orquesta de Valencia, la Orquesta de Cámara de Ginebra y de Lucerna, la Orquesta Filarmónica Ural y la Orquesta Petrobras Sinfónica de Río de Janeiro.