«Para los españoles que sienten Portugal y su cultura como algo próximo y hasta propio, este disco monográfico, «Joly Braga Santos Obras orquestales», que la fronteriza Orquesta de Extremadura ha dedicado al compositor lusitano Joly Braga Santos es un tesoro», Justo Romero
Joly Braga Santos
Nacido en Lisboa el 14 de mayo de 1924, Joly Braga Santos estudió en el Conservatorio Nacional de la capital portuguesa y fue esencial en su sólida formación como compositor haber sido alumno privado de Luis de Freitas Branco (1890-1955), de quien fue su discípulo más importante. Su catálogo, iniciado en 1942, estuvo marcado en 1946 por el estreno de la 1ª Sinfonía, la cual nos reveló, a los 22 años, un sinfonista nato.
La primera fase de la producción de Joly refleja las enseñanzas de Luis de Freitas Branco y tiene como principales coordenadas un lenguaje modal, con raíces históricas en la polifonía renacentista portuguesa y en la música tradicional portuguesa, en especial del Alentejo.
Joly estudió en Roma, entre 1959 y 1960, con Virgilio Gortari y Gionacchino Pasqualini. El contacto con las nuevas corrientes estéticas contribuyó a un giro en su lenguaje musical, en dirección a un libre cromatismo por momentos cercano a la atonalidad, mostrándose capaz de incorporar coordenadas de la nueva vanguardia sin abdicar de su estilo personal, esencialmente lírico y basado en un ímpetu melódico y rítmico.
A partir de los años 70 y hasta su muerte —ocurrida el 18 de julio de 1988— su producción tuvo acercamientos hacia el tonalismo y el modalismo, en un espíritu de síntesis que puede ser considerado como una «3ª fase». En este programa, oiremos obras que representan cada una de estas fases.
La vasta producción de Joly Braga Santos incluye seis sinfonías, numerosas obras sinfónicas y concertantes, tres óperas, música vocal, coral y de cámara, música para el cine, etc. Alumno de Hermann Scherchen en dirección de orquesta, Joly también fue un activo director, habiendo ejercido los cargos de director de la Orquesta Sinfónica do Porto y Director Asistente y Artístico de la Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión Portuguesa. Uno de los fundadores de Juventudes Musicales Portuguesas también fue profesor de composición del Conservatorio Nacional y ejerció una gran actividad como crítico musical y columnista de prensa.
Joly Braga Santos. Obras orquestales
Tres Esbozos Sinfónicos
Los Três Esboços Sinfónicos son una obra particularmente importante del catálogo de Joly Braga Santos, reflejando un gran cambio causado por el contacto con la realidad musical contemporánea durante sus estancias en Italia entre 1959 y 1960. Concluidos en Lisboa el 1 de noviembre de 1962, la obra fue estrenada ese mismo año en el Cinema Tivoli, en Lisboa, por la Orquestra Sinfónica da Emissora Nacional, bajo la dirección de Silva Pereira, a quien está dedicada la partitura.
Este lenguaje tiene un enorme contraste con el modalismo de las obras de la primera fase, lo que el propio compositor definió como “libre cromatismo”. En cuanto al título, la designación de esbozo tiene, también según el autor, un “sentido análogo al de las artes plásticas”.
El Allegro inicial es un escorzo breve y original de una sonata bitemática, en la que el desarrollo y la reexposición son reducidos al mínimo. Sobre un ostinato de los bajos en pizzicato, los timbales, los trombones y las maderas anuncian las células rítmicas y melódicas que van a dar lugar al primer tema. Éste surge con ímpetu en los violines y las maderas y está seguido por un diseño rítmico de los metales que servirá después de transición al segundo tema. Expuesto por el flautín y el oboe, éste se muestra melódico y de sabor modal, con raíces populares que se integran con naturalidad en el discurso atonal. El breve desarrollo exacerba lo incisivo de las células rítmicas del primer tema, explorando un tempestuoso ostinato de semicorcheas procedente de la exposición. Después de una relajación, la reexposición retoma los pizzicatos del principio, sin que las células lleguen esta vez a sumarse al primer tema. En su lugar escuchamos el segundo tema y, en pocos compases, el discurso se disipa enigmáticamente.
El segundo esbozo, Lento, explora el intervalo de segunda menor, usando el refrescante timbre de la celesta. Sobre un zumbido de violines, las flautas y las trompetas con sordina hacen un intento de melodía en una tesitura de segundas menores, a la que le sigue un cantabile de violín solo que explora el mismo intervalo en el registro agudo. En pocos compases se agrega toda la orquesta en una tórrida sobreposición de semitonos que alcanza un clímax exasperado, hasta que es interrumpida bruscamente. El movimiento sigue intercalando en pianissimo varios grupos de instrumentos, en configuraciones saturadas de segundas menores; la atmósfera de “dolorosa gestación” crea un nuevo clímax todavía más exasperado que el primero, hasta que un silencio abrupto nos hace respirar de alivio. En la tercera parte ocurre una metamorfosis: en lugar del duro intervalo de segunda menor, la celesta proclama una clara segunda mayor, con un significado “redentor”; la melodía del violín surge ahora clara y serena, en canon con la viola; trompa y fagot concluyen de una forma recogida y pensativa este esbozo basado en la oposición de cromatismo y diatonismo.
El tercer esbozo, Allegro, sigue sin interrupción. Estructuralmente, es el más libre de los tres, conteniendo elementos temáticos de los dos esbozos anteriores, como las células rítmicas del primero y los diseños melódicos basados en semitonos del segundo. Articulado en dos grandes crescendos, el primero de ellos se disuelve abruptamente, mientras que el segundo nos lleva a un clímax inflamado, culminando con un luminoso acorde de sexta aumentada; consonancia “purificadora” que es una especie de firma del autor.
Concierto para viola y orquesta
El Concerto para Viola e Orquestra, encargado por el Gabinete de Estudos Musicais da Emissora Nacional, fue compuesto entre agosto y septiembre de 1960. El viola belga François Broos, a quien está dedicada la obra, estrenó la obra con la Orquestra Sinfónica da Emissora Nacional el 5 de noviembre del mismo año en el Teatro Nacional de São Carlos, bajo la dirección del propio compositor.
Este Concerto, que el compositor comenzó en Roma y terminó en Lisboa, representa una fase de transición en su carrera. Comparado con las cuatro primeras sinfonías, revela una nueva preocupación de libertad formal y de emancipación de la disonancia, al mismo tiempo que mantiene una concepción cíclica y gusto por melodías de carácter modal y el uso de claras balizas tonales. Tanto el primero como el último movimiento comienzan con un tema cíclico, en re mayor, sin decidirse entre el modo jónico (modo de do) y el modo mixolodio (modo de sol); ambos movimientos terminan en la misma tónica, re (originalmente, el concerto se denominaba “en re mayor”). Con todo, son escasos los vestigios de la forma-sonata: Joly usa el concepto de “variación amplificadora”, enlazando continuamente nuevas ideas a partir de un tema base.
Una introducción orquestal, Tranquillo, hace un recorrido que va desde la simplicidad granítica del tema cíclico —presentado en octavas por trompetas, trombones y tuba— hasta un clímax disonante del primer tutti orquestal en fortísimo, del que surge un breve recitativo de la viola solista. Ésta esboza un nuevo tema melancólico oriundo de la raíz cíclica, que es retomado a continuación por el fagot en un Tempo de marcia lenta, que constituye una especie de movimiento dentro de un movimiento. Después del regreso del tema cíclico en las cuerdas y de un clímax todavía más disonante que el inicial, un despejado Moderato explora un carácter bailarín y modal con cierta forma de scherzo, constituyendo otro movimiento dentro del movimiento. La siguiente sección, conclusiva, retoma las ideas de la Marcha lenta.
El segundo movimiento, Allegro energico, es la que asume una matriz tonal/modal sin complejos, con el tema en sol, en modo mixolidio, entonado por la viola sobre un pulso regular. Mientras tanto, se mantiene el comienzo de la variación amplificadora: se suceden los episodios derivados de este tema, incluyendo —con pasajes de violencia inesperada— una sugestiva reaparición del tema cíclico del primer movimiento, cantado por las cuerdas sobre un moto perpetuo de la viola. No hay una verdadera reexposición, aunque al final reencontremos la sonoridad refrescante del inicio del movimiento, antes de conducirnos a un final brillante.
Teniendo en cuenta el potencial de “captador de aplausos” de este Allegro energico, además de la agilidad de la parte solista, resulta sorprendente que Joly haya decidido invertir el orden tradicional de los movimientos y termine la obra con un Adagio lamentoso, que habitualmente constituiría un movimiento central. Esa inversión muestra que Joly trató de llegar hasta el fondo del alma del instrumento, representante principal de una angustia existencial e introspectiva dentro de la familia de la cuerda. En este Adagio lamentoso esa angustia alcanza un clímax lancinante, cuyas disonancias, de ambiente casi atonal, ofrecen un evidente contraste con el tema en el modo lidio, que expone la flauta, con una ingenuidad bucólica y refrescante. La alternancia entre esos dos mundos antagónicos, constituyendo otro ejemplo de “variaciones amplificadoras”, tiene como fin una versión metamorfoseada del Tempo de marcha del primer movimiento, debilitado por un modalismo amable y consonante, una especie de “Arcadia” a la que parece aspirar toda la obra. Una de las originalidades de este concierto es el hecho de no tener ninguna cadencia del solista; original es también el hecho de terminar en el umbral de lo inaudible, contrariando así los patrones del “concierto para solista y orquesta” y homenajeando la discreta personalidad de la viola…
Cantares Galegos
Cantares Galegos, único ciclo para voz y orquesta de Joly Braga Santos, es una obra de 1983 inspirada en el volumen homónimo de poesías de Rosalía de Castro (1837-1885). Dedicada a la soprano Maria Orán —protagonista de la ópera Trilogia das Barcas en el estreno que tuvo lugar en el año 1970—, la obra fue un encargo de la Fundación Gulbenkian; no obstante permaneció más de veinte años sin estrenarse, por lo que Joly nunca llegó a oírla. En 2005, Elsa Saque y Nuno Vieira de Almeida estrenaron la versión para voz y piano; la versión para voz y orquesta, que en realidad es la versión original, se estrenó el 12 de febrero de 2007 en el Teatro Nacional D. Maria II, en Lisboa, interpretada por Maria Orán, a quien está dedicada, acompañada por la Orquestra do Algarve, bajo la dirección de Cesário Costa.
En Campanas de Bastabales el sonido de las campanas en modo lidio (como la canción del pastor de Tosca, ópera que Joly adoraba); la fluidez de la línea vocal muestra la importancia que tuvieron sus experiencias en el campo de la ópera (Viver ou Morrer, 1952; Mérope, 1958; Trilogia das Barcas, 1970). Utilizando acordes luminosos de segundas y sextas aumentadas, Joly expresa algo similar a la nostalgia que las campanas de la aldea transmiten a la poetisa. Dado el tema de este periplo, que en la segunda canción, Aló, pola mañaciña, la lleva “de mañanita, por los montes, ligerita” (Allegro). Aunque con intervalos más disruptivos (segundas menores, cuartas aumentadas), el acompañamiento fluye y camina como los versos.
En Paseniño, paseniño (Largo), ese “camiño do meu contento” adopta colores particularmente emotivos, con lánguidos arpegios que evocan la puesta de sol y la aparición de la luna. Los nuevos acordes de segunda y sexta aumentada aparecen con gran movilidad cromática, los cuales preponderan mientras la voz nos deleita con frases de incontenible lirismo. Cada estrela, o seu diamante explora otros efectos de color, retomando el acorde del modo lidio que abrió el ciclo. En un tempo más rápido (Moderato), el acompañamiento explora sensaciones de acuarela y asume en la sección final —con la llegada de la noche— contornos onomatopéyicos (se escuchan claramente los grillos).
El sentimiento de comunión con la naturaleza alcanza cumbres embriagadoras en la última canción del ciclo, Corre o vento, o rio pasa, con figuraciones acuosas de arpegios descendentes que se disipan en la penumbra “cae la noche”. La campana que repica, una nota la que se repite como un lamento, reanuda con las “campanas” y el material musical de principio del ciclo. Ese es el telón de fondo de una despedida lenta y punzante, cuyo sabor otoñal tiene un significado comparable al de la 6.ª Sinfonia (1972). Es uno de los más nostálgicos “regresos” del fin de la vida de Joly, coronando un ciclo que podemos considerar como una de sus mejores obras.
Abertura Sinfónica nº3
La Abertura Sinfónica nº 3 es una de las obras de Joly Braga Santos inspiradas en el contacto con el paisaje, la gente y la música del Alentejo. Ese contacto tuvo lugar principalmente durante las estancias del compositor en el “Monte dos Perdigões”, la ancestral propiedad de la familia y de su maestro Luís de Freitas Branco, situada en los alrededores de Reguengos de Monsaraz (distrito de Évora). Obras como la 3ª y la 4ª Sinfonias (1949 y 1950) el Concerto em Ré para cuerdas (1951) y las Variações Sinfónicas sobre um Tema Popular Alentejano (1951) están inspiradas y escritas durante numerosas y prolongadas estancias en ese rincón de la planicie portuguesa.
La Abertura Sinfónica nº 3 data de 1954 (las dos oberturas anteriores databan respectivamente de 1946 y de 1947) y se estrenó el 22 de julio de ese año en el Pavilhão dos Desportos, en Lisboa, por la Orquestra Sinfónica da Emissora Nacional, bajo la dirección de Pedro de Freitas Branco. Fue el propio compositor quien amplió el título, entre paréntesis, indicando “sobre un tema original de carácter alentejano”.
Ese tema, presentado por la trompa —sobre una base armónica que sugiere colores difusos y los perfumes de la aurora— glosa el intervalo de tercera en modo eolio (modo de la), con trazos típicamente alentejanos. En la mansa lentitud de un tempo Largo, otros instrumentos van presentando ese tema, contemplativamente. El contraste del Allegro surge en una pulsación rítmica obsesiva, muy característica del compositor, creando expectativas hasta reaparecer el tema alentejano en los oboes y en los clarinetes, con un nuevo perfil vivo y bailarín. Después surge un segundo tema, presentado en las cuerdas, con dos voces que se entrelazan amorosamente y ejemplifican la inagotable vena melódica del compositor. Un tercer tema, con un ritmo puntuado que planea entre los compases ternarios, es cantado por las cuerdas al son de los clarinetes, para después alcanzar la apoteosis, confirmada luminosamente por el trompeta.
La sección central no tiene carácter de desarrollo, pero sí de interludio: aunque mantenga la pulsación, el tempo parece dilatarse en comunión con la naturaleza. Es por el timbre del clarinete que el tema alentejano reaparece con el perfil de la introducción, iniciando una reexposición con variantes, que culminará en apoteosis.
© Alexandre Delgado